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Dependencia emocional: abuso de móvil e Internet como modus vivendi

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08/09/2020: NOTICIAS.

Las nuevas dependencias ya no hablan de personas; ni siquiera de asuntos relativos a lo que antes llamábamos adicción. Las llamadas nuevas tecnologías, (ya no tan nuevas si lo miramos bien), se han apoderado de propios y extraños, quizá se han convertido en una forma de asir la vida y, con ella, aparecen en la de cada uno como una manera de relacionarnos entre nosotros.

Atrás se quedaron los usos y costumbres que nos llevaban a interactuar con otros; quizás, esos que hacían que nuestras relaciones fueran sanas, por malas que fueran.

La presencia constante o cuasi omnipresente de las redes sociales en nuestra vida, ha creado un universo para todos los que antes se podían ver con mayor o menor asiduidad y ha pasado a ser una forma de relación como otra cualquiera. Compromiso cero y, sobre todo, una dependencia creciente que nos lleva a sentirnos ansiosos o depresivos si el interlocutor no está, no responde o no aparece en días; algo que en sí no tiene sentido si hablamos de llamar por teléfono para verificar si sigue siendo tu amigo.

Si en esos casos se correlacionan constructos relativos a la ansiedad, a la depresión y, finalmente a la autoestima, estaríamos hablando de un problema ligado indefectiblemente a la adicción en sus primeros estadios; situación que de no manejarse bien, podría causar otras adicciones incluso peores.

Dentro del marco adictivo, si apartamos las adicciones a tóxicos, alcohol, juego y otros consumos compulsivos, podemos considerar que el abuso de la tecnología en los últimos años ha cambiado nuestra forma de relacionarnos con el mundo, nuestro vínculo con nuestros iguales, así como las actividades que nos permiten ser felices.

Si bien el móvil es un bien preciado porque nos permite estar en comunicación constante con otras personas, las consecuencias de su abuso logran todo lo contrario: desde el aislamiento de la persona en su entorno individual hasta el cambio de rutinas, actividades y relaciones interpersonales.

Estas consecuencias, que no parecen negativas a primera vista si son elegidas, dan como resultado una forma única de manejarse con y por el móvil, y vemos ligada nuestra vida a su uso. Desde la ansiedad no controlada si se va a quedar sin batería, hasta la sensación angustiosa de no estar localizado. Esto que  pudiera ser muy importante, queda lejos de los likes o ‘me gusta que buscan muchas personas cuando emiten un comunicado o post y esperan respuesta.

En este sentido, la adicción, que  solo se vincularía a adicciones comportamentales, a compras compulsivas, a usos y costumbres ligados a otros usos de sustancias, puede verse también ligado a la forma de asir la realidad por y gracias al teléfono.

A menor autoestima mayor adicción al móvil y, como consecuencia, a las interacciones que procuran las personas ligadas al adicto. En ese sentido, se justifica que estas personas no solo son adictas al uso del celular, sino a la ingesta compulsiva de alcohol, (binge drinking); de tabaco u otros tóxicos, y son en general vulnerables porque necesitan refuerzos positivos para no caer en esas costumbres.

En estos casos, del todo reconocidos por las personas que abusan en mayúsculas de ellos, se recomienda consultar con un especialista que le permita identificar el abuso y trabajar sobre otras adicciones que le llevan a evadirse del mundo real; acaso uno del que pretende huir, ese, que necesariamente es virtual.

Por ello y por tanto, hay que tener especial cuidado cuando la persona aún no está formada o es adolescente y no tiene más miras ni más motivación que estar permanentemente conectado. Algo está sucediendo; algo, que no es baladí.

Fuente: Periodistas-es

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