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La bulimia y la anorexia en hombres, enfermedades silenciadas

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21/09/2020: NOTICIAS.

Chicos y chicas adolescentes, las personas más propensas a padecer un trastorno de conducta alimentaria

Los trastornos de la conducta alimentaria son padecidos por un mayor número de mujeres que de hombres en España. Sin embargo, hay expertos en la materia que alertan del error de considerar éstas como enfermedades de mujeres, ya que también el sexo masculino es vulnerable a ellas, sobre todo en la adolescencia. Los testimonios de Guillem y Víctor para Diario16 son dos pruebas de que esta enfermedad no tiene género.

Chaymaa Outnarit

En dos semanas de bulimia perdió 15 kilos. “Fue corto, pero muy intenso”, relata. Tenía 16 años. Todo lo que comía, lo vomitaba. Consultaba páginas de internet en busca de consejos sobre qué comer para adelgazar. Ponía en práctica trucos para devolver lo ingerido, como tomarse vasos de agua con mucha sal. “Cuando tenía atracones, vomitaba. Veía que perdía peso y pensé que había encontrado un método efectivo. Creo que no he tenido bulimia más de un mes, pero fue muy intenso”. Su historia suena a un caso de trastorno alimentario más, pero con una diferencia que lo saca de lo común: la víctima no es una chica, sino un chaval.

Como Guillem, muchos adolescentes consultan a diario las arriesgadas ideas sobre la conducta alimentaria que otros usuarios con trastornos, como la anorexia y la bulimia, difunden.  Por ello, hace más de un año que el Parlamento de Cataluña aprobó una ley unánime con la que es posible sancionar con multas de hasta 100.000 euros a las empresas y plataformas digitales que hagan apología a los TCA.

TCA

Los trastornos de la conducta alimentaria, o TCA, son las enfermedades crónicas más frecuentes entre los adolescentes después del asma y la obesidad. Desde la Fundación FITA, el psiquiatra Vicente Turrión, advierte que, aunque estos trastornos se dan con una frecuencia entre 10 y 20 veces mayor que en hombres, no es precisamente un patrimonio exclusivo del sexo femenino. Los chicos lo padecen, pero muchos lo ocultan bajo un espeso manto de silencio. Guillem lo rompió el día en que se abrieron las puertas de una consulta psicológica en su instituto. Él fue el primero en llamar a aquella puerta. Tras una conversación con la nueva psicóloga, ésta se puso en contacto con sus padres para recomendarles acudir a un Hospital de Día de trastornos alimentarios.

La psicóloga clínica Eva Gómez, ejerció durante años en el centro Hestia Palau, donde trató a Guillem Baulenas, joven de 21 años, natural de Sant Andreu que fue diagnosticado de bulimia con 15 años. “Vomitaba, tenía pequeños atracones y mucha ansiedad con la comida” enumera la terapeuta. Eva recuerda el tratamiento de Guillem como un proceso difícil. Su recuperación fue posible gracias al vínculo que creó con ella: “durante el proceso, confiar en el terapeuta es lo más importante” dice convencida. Guillem sufría una descompensación vital por baja autoestima, enfrentada con una personalidad arrolladora. Tenía también rasgos clínicos: actitud desafiante y negativista, además de una conducta agresiva, “estos comportamientos, si se llevan al extremo, pueden desembocar en un trastorno de la personalidad, pero no es el caso de Guillem” aclara.

Muy afectados

Eva aclara que “muchas veces los hombres, para llegar a reconocer que tienen un problema de este tipo, tienen que verse muy afectados, que llegue a interferir en sus vidas”. También lamenta la escasez de estudios sobre el análisis de estas patologías en hombres, en comparación a los numerosos dedicados a la investigación en mujeres. “Creo que es difícil dar una cifra concreta del porcentaje de hombres que sufren este tipo de trastornos, tendríamos que avanzar más en ese aspecto”.

Eva

A la semana de empezar el tratamiento, Guillem intentó abandonarlo, no se identificaba con el entorno ya que era el único chico en un grupo de 15 chicas. “Me obligaban a seguir unas pautas, a respetar todas las ingestas y me decían verdades que no estaba dispuesto a escuchar” reconoce. “Le doy mil gracias al centro por ser quien soy ahora y a mis padres por insistir cada día en que no lo dejara. Creo que, si lo hubiera hecho, ahora estaría en la cárcel o muerto. El centro me ha dado la vida” agradece. Tanta es su gratitud, que en el pie izquierdo lleva tatuada la fecha exacta de su salida del centro.

Guillem se ha vuelto a poner en contacto con Eva tres años después de su recuperación, quiere hacer terapia de vez en cuando pero solo si es con ella, “Eva es la persona con la que más me he abierto en mi vida, es la que más me conoce” explica con cariño.

Un niño enfadado con el mundo

Salvador y María Teresa, padres de Guillem, rememoran con amargura su infancia: “de pequeño estaba enfadado con el mundo, siempre se lo he dicho. Muy inteligente, pero ha usado la inteligencia para fastidiar” afirma Salvador. “Con Eva empezó a tratar su bulimia, pero nosotros sabíamos que eso había empezado hace poco y que se iba a terminar. En el momento en el que pidió ayuda estaba curado” añade muy convencido.

María Teresa evoca el verano en el que su hijo les hizo partícipes de su problema. Él había decidido pasar las vacaciones en Calella con sus tíos, en lugar de viajar con ellos y sus dos hermanas. Un día les llamó por teléfono y les confesó que estaba devolviendo con frecuencia: “Lo contaba como si fuera algo natural, nada forzado. No se daba cuenta, pero de alguna manera estaba pidiendo ayuda” asegura. Cuando volvieron a casa, María Teresa vigilaba que no fuera al lavabo a vomitar. Posteriormente, Eva le explicó que hay niños que se levantan en la madrugada para vomitar en secreto.

Víctor López es un barcelonés de 28 años, de madre castellana y padre andaluz. Siempre ha vivido para la música, nunca ha podido vivir de ella. Ha sido miembro de varios grupos de rock, de los cuales destaca RedThread que le ha llevado a actuar en el Primavera Sound 2015, en un momento en el que su entorno familiar no confiaba en el rumbo que estaba tomando su vida.

Víctor habla de la frustración como una amiga que le ha acompañado desde muy temprana edad. Tanto es así, que comía por frustración. A los 11 años pesaba 100 kilos. Con la ayuda de un endocrino adelgazó alrededor de 30. Con la pubertad empezó a sentir pasión por muchas cosas, se enamoró de Judith y surgió la iluminación musical. Se sentía vivo. “Estoy esperando que me vuelva a llegar la inspiración de la adolescencia, cuando te haces adulto estas sensaciones van bajando” cuenta nostálgico.

Con pesar, acepta que en su adolescencia no ha tenido el control parental que necesitaba. Su madre estuvo años luchando contra una dura depresión que le hacía no estar lo suficientemente pendiente de él. Por otra parte, define a su padre como una persona “dócil y pacífica, que se aleja de los problemas”. Volvió a engordar y esto supuso el inicio de su primera y más intensa etapa de lo que él identifica como bulimia, ya que nunca ha sido diagnosticado. Abarcó desde los 16 a los 18 años. “No te propones vomitar, es emocional, de repente lo empiezas a hacer”, defiende que no intenta vaciar su estómago sino eliminar el exceso. “Nunca tomé consejo de internet, para mí hacerlo significa aceptar que tengo un problema”.

“Todavía vomito cuando me paso”

Procurar que RedThread funcionase le causó mucha ansiedad, lo que provocó una ingesta de comida y alcohol compulsiva. Una vez asimilado el problema, decidió poner orden y adelgazar de una forma que consideraba saludable, comiendo “excesivamente” bien, contando calorías y haciendo ejercicio. Se esforzaba por no volver a recurrir al camino fácil.  “Sinceramente, alguna vez que otra, todavía vomito cuando me paso. Ya sé que estoy delgado, no quiero adelgazar más, lo que no quiero es engordar. Al comer por desesperación me siento mal, pero normalmente salgo a correr, aunque haga mucho frío, esa es mi penitencia” confiesa.

Víctor llega a la conclusión de haber aceptado su TCA hace relativamente poco: “no considero haber superado la bulimia todavía, sigo sin encontrar el equilibrio. A veces pienso que debería ir a un psicólogo”. De momento, sigue cubierto por el manto del silencio.

Fuente: Diario 16

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