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Manuel Casais: Una luz en la oscuridad de las drogas

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ADRIÁN GONZÁLEZ

09/09/2020: NOTICIAS.

El ribeirense convivió durante siete días con seis usuarios del taller de carpintería del servicio de drogodependencia de Ribeira en Sálvora para mejorar la señalización
lucía eiras m. x. b. Galicia-Ribeira / la voz

Carpintero de profesión, había algo en el interior de Manuel Casais que le decía que no lo era de vocación. Su futuro estaba ayudando a gente que lo necesitase. Hace 20 años pudo unir sus dos pasiones en el centro del Servicio de Drogodependencias de Ribeira, donde ejerce de profesor en el taller de carpintería y restauración. Desde ese momento se vacía cada día para que sus alumnos salgan adelante: «Con lograr que eles estean ben e con ganas de traballar xa estou satisfeito».

Casais tiene un trabajo que le llena e ilusiona, motivo fundamental por el que sigue ejerciendo a pesar de los altibajos que supone estar con gente que tuvo un problema como la drogodependencia: «Por un lado está a felicidade de velos recuperarse, e polo outro a pena que che produce ver recaer a alguén». Una actividad que te tiene que gustar y atrapar para poder llevarla a cabo durante tantos años sin desistir: «Se só miras para o salario non aguantas os vaivéns emocionais aos que estás sometido».

Cada día despierta con la ilusión de poder ver a los integrantes del centro llegando sin ningún problema: «Se consegues que unha persoa que tivo este tipo de dificultades estea alí ás nove da mañá xa podes dicir que cumpriches». Su función es, admite, conseguir que todos tengan una vida estable: «Dende o noso traballo queremos que teñan unhas regras, por iso é importante que veñan a primeira hora».

La sociedad está acostumbrada a tratar cosas fundamentales como si fuesen insignificantes por no haber notado nunca su ausencia. En cambio, Casais reconoce que es algo que nunca pasa con ellos: «Nin imaxinas a cara dalgúns ao saber que se come tres veces ao día. Aprendes a ver a necesidade das cousas máis simples».

De excursión a Sálvora

Después de encargarse en las tres ediciones anteriores de los campamentos de restauración de dos dornas y una embarcación auxiliar situadas en el pazo de la isla de Sálvora, en esta ocasión, Casais y sus alumnos se dedicaron a la mejora de la señalización del enclave a través de la elaboración de 30 carteles que serán instalados también por los usuarios. Además, el equipo acometerá la reconstrucción de la escalera que baja a la única playa abierta al público para que sea más accesible. «Para eles é un premio poder estar sete días na illa. Algúns repiten, e para outros é unha actividade nova. Están encantados», explica.

La posible cancelación de la iniciativa tuvo a todos pendientes hasta el último momento: «Preguntábanme se o iamos ter que suspender. Xa non puidemos facer as saídas de todos os anos e pensaban que con isto ía pasar o mesmo. É unha mostra do interese que teñen en que todo vaia ben». Ganas compartidas con Casais, quien asume una responsabilidad que solo aceptaría alguien que realmente ama su trabajo: «Son sete días nos que me teño que encargar eu de todo, tamén da medicación». Habrá quien piense que no compensa un sacrificio así, pero los hechos demuestran lo contrario: «Cando alguén de 56 anos se acerca para dicirche que está empezando a vivir arranxa todo o demais».

Después de contar con el pleno apoyo del Ayuntamiento, a quien Casais agradece la implicación, se pusieron manos a la obra en la realización de todos los carteles que a partir de ahora van a guiar a los turistas por Sálvora: «Conseguir que coordinen os sentidos é un proceso difícil, por iso sempre procuro que fagan todo o posible coas mans, con actividades nas que teñan que estar moi atentos para non equivocarse».

Por ejemplo, les mandó que todas las letras de los carteles fuesen decoradas por dentro, lo que exige, reconoce Casais, un grado de concentración muy elevado: «Sorpréndeste do nivel de esixencia que teñen co seu traballo. Ás veces eu dígolles que xa vale e son eles os que se empeñan en repetilo para que quede perfecto». Así consiguieron realizar trabajos de gran precisión como los belenes de Aguiño y Ribeira.

Casais intenta siempre que las actividades sean variadas, por lo que agradece que los llamen para trabajar en el exterior. De hecho, a pesar de haber terminado este proyecto recientemente, ya sabe cuál va a ser el próximo: la restauración del barco de la rotonda que hay en la entrada de Ribeira.

Fuente: La Voz de Galicia

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