17/09/2019
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Un (12-01-2015)

FOTO: Robert F. Siliciano.

EE.UU., Son las defensas más eficaces contra el VIH pero fallan en el momento más necesario, cuando el virus se hace latente y se esconde en reservorios indetectables hasta para ellos. Son los linfocitos T citotóxicos (CTL) que el investigador ICREA del Instituto de Investigación del Sida IrsiCaixa Javier Martínez-Picado define como francotiradores especialistas en aniquilar a las células infectadas por el VIH y, por ello, de vital importancia en la investigación de la tan deseada vacuna contra el virus.

Ahora, un trabajo publicado en Nature, ofrece una alternativa para hacerlos eficaces incluso contra los virus del reservorio, una vez despertados o reactivados, una de las estrategias en las que más se investiga actualmente en la lucha contra el VIH.

El estudio, firmado por un histórico en este campo, Robert Siciliano -el que describió por primera vez los reservorios en la segunda mitad de la década de 1990- dista, sin embargo, de tener una traslación inmediata a la práctica clínica, según subraya Martínez-Picado, que define no obstante como muy interesante el nuevo hallazgo.

Los CTL son un tipo de células T que expresan la molécula CD8 en su superficie y tienen la habilidad de disparar a toda célula infectada con VIH. Es la primera rama de inmunidad que se activa cuando el virus entra en el organismo, mucho antes que los anticuerpos. Tienen, explica Martínez-Picado, una respuesta "muy rápida" pero el VIH ha sido capaz de eludirlos y lo hace de una forma muy sencilla, mediante mutaciones. "La célula citotóxica ya no ve lo que debe y tiene que reentrenarse para encontrar la mira adecuada", resume el investigador del centro catalán.

La situación cambia cuando el paciente seropositivo recibe tratamiento antirretroviral. Es entonces cuando la función de las CTL deja de tener tanto sentido porque se consigue controlar al virus terapéuticamente. Pero, como ya es sabido, la curación no es posible, ya que el VIH se esconde en los reservorios y reaparece cuando no hay terapia.

Así, una de las hipótesis en las que más se trabaja es precisamente reactivar a los virus escondidos para que se vuelvan a hacer visibles a los CTL.

Lo que los investigadores liderados por Siliciano han descubierto es que cuando se produce esta reactivación lo que aparece no son los virus originales, sino una versión mutada, de tal forma que los CTL "no pueden verlos bien". "Esto es una mala noticia y era previsible, pero la buena nueva está en la segunda parte del artículo", explica Martínez-Picado.

Lo que los investigadores estadounidenses han descubierto como hallazgos positivos son dos eventos: en primer lugar que, a pesar de que la mayoría de los virus que se reactivan están mutados, se conserva siempre un pequeño porcentaje del virus original y, en segundo y más importante, que con la administración de péptidos sintéticos, se puede estimular a los CTL y hacer que sean capaces de responder a ese virus no mutado y logren destruir a la célula.

"La buena noticia es que podemos educarlos para atacar el resquicio de virus original", subraya Martínez-Picado que, sin embargo, se muestra cauto con la puesta en práctica clínica del trabajo.

Los investigadores estadounidenses han hecho la prueba en células infectadas con VIH de 25 pacientes, pero in vitro, es decir, en el laboratorio. "El traslado inmediato a la práctica clínica es difícil", opina el investigador de IrsiCaixa.

Otra circunstancia que han observado los autores es que los pacientes que mejor respondían a la nueva estrategia son aquellos en primoinfección, es decir, a los que se ha detectado el virus muy poco tiempo después de la infección.

Por esta razón, Martínez-Picado asegura que los hallazgos serán también estudiados en el instituto catalán, donde disponen de una importante cohorte de este tipo de seropositivos.

La conclusión de los autores estadounidenses, con la que coincide al menos en parte el investigador español, es clara. "Cualquier estrategia de curación ha de pasar por las células T", declaró Kai Deng, uno de los mismos e investigador de la Johns Hopkins University.

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FUENTE: EL MUNDO SALUD >>