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¿Y si su hijo le pide un móvil? (26-01-2015)

MADRID, El 30 por ciento de los niños españoles de 10 años tiene teléfono móvil. El porcentaje sube hasta el 69 por ciento entre los de 12 años, y hasta el 83 por ciento en los de 14 años, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). El uso de dispositivos móviles entre niños y adolescentes genera ya conflictos familiares y escolares para los que los expertos tienen una receta: implicarse en su uso, mantener controles e implantar condiciones. Si no se está dispuesto a ello, lo mejor es retrasar en lo posible el acceso al móvil.

El Servicio de Orientación del colegio San Francisco de Paula, uno de los centros educativos de mayor prestigio en Sevilla, ha elaborado un recetario para padres. Patricia Delgado, la coordinadora del servicio, hace una llamada a la tranquilidad: «No podemos prohibir, sí promover el buen uso».

Los orientadores del San Francisco de Paula han detectado el interés generalizado sobre este asunto, y de ahí la idea de difundir sus recomendaciones. Aseguran que no se han encontrado aún con ningún 'caso grave', pero advierten de que hay que estar alerta: «El móvil puede generar adicción y ansiedad. Redes sociales como Whatsapp y Twitter son las que más 'atrapan', porque te crean la necesidad de consultar constantemente si tienes un nuevo mensaje», explica. A través de ellas, el adolescente busca satisfacer una necesidad natural, la de ser tenido en cuenta en la sociedad que le rodea.

El atractivo de las redes se une a la falta de autocontrol del niño y del adolescente, hasta crear un cóctel peligroso que puede afectarles en su rendimiento escolar y en sus relaciones afectivas. Es la familia, explica la educadora, la principal responsable de ponerle límites para que no se llegue a ese punto. Y debe hacerlo, sobre todo, en el momento más delicado, los últimos años de la Primaria y el paso a la Secundaria.

Patricia Delgado asegura que el recreo en los colegios ha cambiado mucho desde la irrupción de los móviles. «Los jóvenes siguen interactuando, pero lo hacen de forma diferente. Ahora el móvil es el eje de sus relaciones: ven vídeos, comparten mensajes o juegos. El móvil también les une. El problema vendría si el móvil aísla al niño de su entorno», explica.

En nueve ideas básicas, sus autores ponen a los progenitores en antecedentes del riesgo que conlleva el uso indiscriminado de móviles y tabletas por parte de los niños y les ofrecen algunos consejos. Son los siguientes:

1 El uso, lo más importante. Depende del uso que se haga, un dispositivo móvil favorecer u obstaculizar el desarrollo personal. Sí a la tecnología, sí a compartir, pero no a dejar de tratar con empatía a otras personas, y no al descontrol del uso del tiempo.

2 Conscientes de los riesgos. Existe el riesgo de estar siempre pendiente del dispositivo, y que ello conduzca a no estudiar, incumplir las tareas diarias o no atender en clase. Los hay aún peores, como ser víctima de ciberacoso o contactar con desconocidos.

3 Cuanto más tarde, mejor. En el cambio de Primaria a Secundaria es frecuente que los hijos reclamen un teléfono. A esa edad los niños están desarrollándose como personas, emocionalmente están inmaduros y su estabilidad está en constante riesgo de tambalearse. Mal utilizado, el teléfono es una fuente negativa para su desarrollo personal, pudiéndole crear ansiedad, inseguridad y obsesión, tanto en casa como en los centros escolares.

4 No pasa nada por ser el único de tu clase. Sucumbir al móvil por la presión social no es una buena idea porque enseñamos a los hijos a tomar las decisiones más comunes en su entorno social, sin una reflexión previa individual. No pasa nada por ser el único de la clase que no lleva móvil, sobre todo cuando la única motivación para llevarlo es que todos los llevan.

5 Sólo los fines de semana. Es conveniente fijarle reglas y pautas de uso, y lo mejor es que lo usen sólo los fines de semanas en un horario controlado y restringido.

6 Nunca el teléfono en la cama. Nunca. Aunque digan que están esperando un mensaje urgente, porque les crea ansiedad y problemas para conciliar el sueño.

7 El móvil se puede (y se debe) apagar. Es preciso concienciarles de que el teléfono debe estar apagado en clase y, al menos, en silencio en otros lugares, como la biblioteca.

8 Predicar con el ejemplo. Se educa con el ejemplo. Cuando los padres llegamos a casa, debemos dejar de lado el móvil y sólo usarlo en caso de necesidad y urgencia. Si nos ven utilizarlo de forma compulsiva, ellos harán lo mismo.

9 Tablet a cambio de tranquilidad. Debemos cuestionarnos el uso cada vez más frecuente de los dispositivos móviles como entretenimiento de nuestros hijos en algunas situaciones. Cada vez que entregamos un móvil a un niño para que se entretenga, mientras nosotros cenamos o charlamos con nuestros amigos, le estamos privando de la oportunidad de que se autocontrole, se socialice y aprenda a ser adulto.

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fuente: El Mundo >>
 



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