15/10/2019

Warning: mysql_fetch_array(): supplied argument is not a valid MySQL result resource in /home/personales/abertal013/vieiro/include/mysql.php on line 34


¿Dónde está la frontera entre ser buen profesional y UN ADICTO AL TRABAJO (05-02-2015)


MADRID, En agosto de 2013 Moritz Erhardt rebasó el límite. Tenía 21 años, estaba cumpliendo su sueño, el futuro era para él una carretera asfaltada de promesas y ese verano había conseguido unas prácticas en las oficinas londinenses de Bank of America Merrill Lynch. Pero todo se truncó cuando su cuerpo sin vida fue hallado en la ducha de la residencia donde se alojaba, muerto al parecer por un exceso de trabajo. Un compañero de residencia arrojaba luz sobre su estilo de vida en las últimas semanas asegurando que "hizo ocho jornadas de día y noche en dos semanas". Sus tres últimos días de vida fueron agotadoras jornadas laborales de 21 horas. Tan luctuoso desenlace no se comprende simplemente desde el análisis de la competitiva cultura empresarial en la que se sumergen los becarios de la banca de inversión, sino que tras el caso Erhardt subyace una patología mental, la de los adictos al trabajo que son incapaces de identificar los límites psíquicos, físicos, morales y sociales que convierten la ambición y el placer por el trabajo en un verdadero problema.

La muerte de Moritz Erhardt puede resultar un ejemplo exagerado a primera vista, pero es muy complicado realizar una estadística de cuántos son los muertos que deja la sobrecarga de trabajo al año, ya que no se producen precisamente por una causa directa, sino que son un caldo de cultivo para patologías como isquemias o ataques al corazón. Puede no ser tan extraño cuando el idioma japonés tiene una palabra, karoshi, que pone nombre al concepto de "muerte por exceso de trabajo", o cuando Bloomberg Businessweek se ha hecho eco de una espeluznante cifra aireada por la Radio Internacional de China, emisora controlada por el Estado, en la que se asegura que alrededor de 1.600 chinos mueren al día por trabajar demasiado.

La adicción al trabajo, workaholism en términos anglosajones, surgió como concepto en 1968 de la mano del psicólogo estadounidense Wayne E. Oates cuando comparó su adicción al trabajo con el alcoholismo, definiéndolo años después como una necesidad excesiva e incontrolable de trabajar incesantemente, que afecta a la salud, a la felicidad y a las relaciones de la persona. El consenso hoy por hoy está en que trabajar con ahínco más de 50 horas semanales supone una adicción. Es probable que este tipo de adicciones sean fácilmente vinculables a altos ejecutivos o políticos, pero no es una cuestión del puesto que se ocupa, sino de carácter, tal y como explica la psiquiatra Rosa Sender, autora del libro 'El trabajo como adicción' (Neurociencias), asociando el impulso incontrolable por trabajar al carácter de individuos enérgicos y activos que sienten la necesidad de transformar el ambiente, aunque está claro que no es condición obligada que ese impulso termine degenerando en algo tóxico.

Hacer horas extra es algo muy común, casi la mitad de los españoles las hace a diario según recientes estudios, pero una cosa es que tu realidad laboral te exija el sobreesfuerzo y otra bien distinta que abraces este con regocijo. "La mayoría de las personas pasamos una gran parte de nuestro tiempo en el trabajo. Las hay incluso que pueden llegar a convertirse en adictas, dedicando una excesiva cantidad de tiempo y energía a trabajar, y haciéndolo de forma muy intensa y compulsiva.

Otros trabajan duro porque les divierte y no porque sientan que es lo que tienen que hacer; son los trabajadores engaged o muy vinculados con su trabajo", explica Mario del Líbano, investigador de la Universitat Jaume I. Por su parte, Diane M. Fassel, autora deWorking Ourselves to Death (Trabajando hasta morir) afirma que la diferencia entre la adicción al trabajo y trabajar mucho reside en que el adicto está desprovisto de un regulador interno que le avise de cuándo es el momento de parar.

El problema radica en que esta es una adicción no solo aceptada socialmente, sino aplaudida. Alguien que vuelca todo su tiempo en su trabajo será valorado por su empresa y sus clientes y gozará de la admiración social, que lo tildará de gran profesional. Puede ser encomiable en casos como el de la Madre Teresa de Calcuta, que dijo aquello de "no puedo parar de trabajar, tendré toda la eternidad para descansar", pero la realidad es que tras cualquiera que pueda suscribir esa frase subyace un drama familiar y un problema personal. "Aquellos que simplemente son personas muy trabajadoras realizan su labor con buen ánimo y abnegación, sí, pero cuando llega el momento saben desconectar y divertirse", precisa Ricardo Vázquez, psicólogo especialista en prevención de riesgos psicosociales. "El adicto, por el contrario, suele ser alguien malhumorado porque siempre está insatisfecho con sus resultados y es insufrible en el hogar, ya que está alejado de lo que más valora: su entorno laboral. Suelen ser personas sin empatía con los demás y que no sabe disfrutar del ocio", añade.

Se sienten culpables cuando no están trabajando y el volver a sus casas o irse de vacaciones les resulta insufrible. "Terminan convirtiéndose en el ogro de la familia, de la que se apartan cada vez más porque las actividades que realizan con su pareja e hijos les parecen ridículas, una pérdida de tiempo a todas luces", señala Vázquez. Así es como poco a poco se aíslan socialmente y terminan cultivando solo las relaciones con individuos con los que les une un mero interés profesional, desterrando cualquier interacción que tenga relación con los sentimientos. A menudo pierden toda conciencia de lo que les sucede por dentro y de forma inconsciente castran todos los sentimientos que representen escollos en su camino hacia el éxito.

Detectar esta adicción pasa por reconocer una serie de síntomas que a veces son más evidentes para el entorno del afectado que para él mismo. Los workaholics son personas que se sienten mal fuera del trabajo y que aprovechan cualquier momento tranquilo para conectarse y cerrar temas que estaban pendientes. Incluso es posible que busquen excusas para volver a la oficina o mientan a la familia magnificando problemas y emergencias laborales que justifiquen la desatención de las obligaciones familiares en pos de dedicar más horas al trabajo. Su actitud es compulsiva e invierten una excesiva cantidad de tiempo y energía en trabajar, ya sea por miedo a perder el empleo (miedo real o fabulado) o con ánimo de superarse. El perfil de estos adictos suele ser el de varones de entre 40 y 50 años, sumergidos en profesiones liberales o entornos altamente competitivos, como médicos, abogados, periodistas o ejecutivos, que caen en esta adicción cuando encuentran en el trabajo un refugio para evadirse de situaciones familiares.

La cifra de afectados es realmente alarmante, una lacra silenciosa: se estima que uno de cada diez españoles la sufre, principalmente hombres, aunque en los últimos años se ha extendido entre las mujeres. La Organización Internacional del Trabajo estima que el 8%de la población activa española dedica más de 12 horas al día a su profesión como vía de escape a sus problemas personales.Un estudio desarrollado por investigadores de la Universitat Politècnica de València, la Universitat Jaume I de Castelló y la Universidad del País Vasco estima que para finales de 2015 la cifra de adictos al trabajo podría alcanzar el 11,8% de los trabajadores.

CUADRO CLÍNICO
La salud del trabajoadicto termina resintiéndose, y su diagnosis por expertos facultativos suele ser complicada pues en la consulta del médico no confiesan que el exceso de trabajo puede estar en el origen de sus problemas de salud, simplemente porque no lo conciben como un problema. Además de efectos psicológicos negativos, casi siempre en connivencia con problemáticas asociadas a la vida familiar, ya que conduce al aislamiento, al divorcio y a la destrucción de la convivencia, también es posible que se sufran dolores de cabeza, mareos y náuseas. La somatización de este estrés puede dar lugar a malestar generalizado, cansancio, dolores musculares e incluso problemas dermatológicos de todo tipo, las conocidas como enfermedades psicodermatológicas, que pueden ir de un simple prurito a la psoriasis, excoriaciones o alopecia. La cosa va a mayores cuando se desarrollan enfermedades cardiovasculares, gástricas o hipertensión. Hay que tener en cuenta que la adicción al trabajo puede llevar fácilmente al consumo de sustancias tóxicas para aumentar el rendimiento laboral y superar el cansancio y la necesidad de dormir

¿ERES REALMENTE UN ADICTO?
El comportamiento frente al trabajo presenta un abanico tan amplio de actitudes y comportamientos que merece una somera taxonomía que ayude a distinguir entre los verdaderos adictos y aquellos que simplemente se implican intensamente con su trabajo:
El no adicto al trabajo: No busca el logro personal a través del trabajo y es capaz de desentenderse de él fuera de la jornada establecida, ya que su verdadera motivación la encuentra en otros ámbitos.
El fuertemente comprometido: Este es un sujeto que dedica muchas horas al trabajo, que asume desafíos, que se muestra muy satisfecho con su labor y se focaliza enormemente en ella prestando poca atención a las demás cosas.
El compulsivo no adicto al trabajo: Considera el trabajo como algo que hay que llevar a cabo y el logro de objetivos es algo que le obsesiona y absorbe, pero también desarrolla otros tipos de compromisos obsesivos con actividades fuera del trabajo, como hobbys, deportes…
El adicto al trabajo compulsivo: Presenta sobrededicación y gran obsesión en el desarrollo de su trabajo y dificultades para relacionarse con los compañeros. Son personas muy impacientes, llenas de manías, que entienden que las actividades sociales y familiares son un obstáculo en su carrera.

DEMARCANDO LÍMITES
El adicto al trabajo ha de tomar conciencia de su problema y establecer mecanismos que pasan por la implementación de límites infranqueables que deben ser respetados tal y como los alcohólicos rehabilitados se comprometen a no probar el alcohol.
Límites temporales. Se debe reservar tiempo exclusivo para la familia, los amigos, el ejercicio, y cualquier otra actividad no relacionada con el trabajo. Mantener el horario laboral en un marco temporal estable e impermeable que evite afectar a las otras facetas de la vida del individuo. Es decir, en casa, la tableta guardada y tener claro que cualquier correo laboral puede esperar hasta la mañana siguiente. Límites físicos. Es necesario distanciarse físicamente del trabajo, salir regularmente de la oficina y evitar que esta sea el espacio más cotidiano y cómodo de nuestras vidas. Pequeños hábitos como no comer en la oficina o no quedar allí a que te recojan y esperar conectado hasta el momento en que aparezca tu cita pueden ser de utilidad en ese intento de poner distancia entre el sujeto y su trabajo.
Límites cognitivos. Reconocer cuándo se está pensando en el trabajo fuera de él y desarrollar técnicas para reconducir la atención a las personas o a la actividad más a mano. Practicar la meditación ayuda a desarrollar la capacidad de controlar y dirigir la atención.

# Enlace permanente a esta noticia
Utiliza este enlace para copiar como acceso directo o para añadir a favoritos.
fuente: GQ >>