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Adicto a las drogas es una persona que acude a terapia tras jornada laboral (10-04-2015)

FOTO: Rober Arin mira a la cámara. Frente a él, Xabier, rehabilitado desde 2011, con la villa de Proyecto Hombre detrás.

EUSKADI, El nuevo adicto a las drogas es una persona que acude a terapia tras la jornada laboral.

Proyecto Hombre, que cumple treinta años en Gipuzkoa, trata ahora a perfiles normalizados y no tan marginales.


En este tiempo ha atendido a 6.000 personas, desde madres de familia, chicos de 20 años, mayores de 70, empresarios o personas de entornos excluidos


«Ni se os ocurra dedicaros a este trabajo durante más de cinco años porque desgasta. Desgasta mucho». Rober Arín escuchó este primer consejo cuando, después de dejar la cocaína y las pastillas gracias a Iñaki Aldabalde, un pionero en el tratamiento de las adicciones, acudió a Roma para aprender cómo convertirse en un terapeuta de Proyecto Hombre. Desde entonces han pasado más de treinta años, y como hicieran también Alberto, Juan, Bittor, Eusebio y Esteban, Rober no hizo caso a la recomendación. La primera sede de esta entidad, la de la calzada vieja de Ategorrieta en Donostia, ha cumplido treinta años y los seis siguen a bordo de este barco que ha cambiado en muchos aspectos desde su botadura.

LA CIFRA
29 personas.

Son las que en estos momentos están atendidas por Proyecto Hombre en Gipuzkoa en sus distintos programas de desintoxicación. Las edades van desde los 20 a los 70 años. De todos ellos, 24 siguen el tratamiento desde la cárcel de Martutene con permiso judicial.

En estos momentos, Proyecto Hombre atiende a 429 personas además de las 24 que están en la cárcel de Martutene, que cuentan con un programa especial una vez a la semana. Entre todas las personas asistidas se mantiene el porcentaje habitual desde hace treinta años: un 75% de hombres y un 25% de mujeres.

Más allá de esta división por sexos, la variedad de los usuarios es cada vez mayor y por eso se han diversificado también los tratamientos y las terapias, aunque en la villa permanezcan los mismos letreros de prohibiciones de consumir ningún tipo de droga que no sea tabaco y, como en todas partes, fuera del local.

Pero las cosas han cambiado. Rober Arin lo ha constatado con el paso de los años. El colectivo de personas atendidas no es marginal, como siempre se ha considerado. Lo forman desde mayores de 70 años hasta chavales de 20, madres de familia que después van a recoger a sus hijos a la ikastola y hombres que han dormido la noche anterior en un centro social. Hay también empresarios con adicciones y empleados alcohólicos que no quieren perder a su familia y que acuden al programa abierto después de trabajar en su tarea cotidiana.

La posibilidad de perder el carné de conducir también es una motivación para algunas personas y los jueces cada vez son más proclives a favorecer la rehabilitación y desintoxicación.

Casi 6.000 personas

La historia de Proyecto Hombre y de esas casi 6.000 personas que han pasado por sus estancias es la historia de una sociedad que ha evolucionado, que vivió experiencias aterradoras en los años 80, «cuando todos estábamos en la calle con las pastillas, el caballo o la coca», dice Arín, y cuando «el bicho», el sida, se llevó por delante a mucha gente que se había rehabilitado. «Aquello era ir de funeral en funeral, pasar momentos de rabia por personas que se habían esforzado por salir del pozo y a las que el bicho se llevaba a la tumba. Te encontrabas con alguien y te decía: '¿Sabes quién se ha muerto?' Nueva bofetada».

En el mundo de las drogas y las desintoxicaciones, la desestructuración personal y familiar sigue presente. Pero hay nuevas condiciones que encarar. La primera, la incidencia del sida, mucho menor que en otros tiempos. La segunda, el reinado casi absoluto de la cocaína como sustancia más consumida, seguido por las pastillas o el speed, esta última sustancia con más peso entre los más jóvenes. «La heroína no ha desaparecido aunque es más residual», admiten los terapeutas.

La tercera, la importancia del alcohol entre las adicciones o, más bien, la conciencia creciente de que se trata de una sustancia dañina y adictiva que se debe combatir. Tanto que ha sido necesario crear vías específicas, 'puertas' de acceso, como les llaman los expertos, para conseguir escapar de las garras de la intoxicación.

«El edificio de Ategorrieta es el que llamamos tradicional, el centro de día en el que se recibe el tratamiento de tres meses que va seguido luego por la estancia en la comunidad terapéutica. Pero contamos con otros programas, otras puertas como lasque están dirigidas a gente joven que tiene apoyo familiar, que no es víctima de un consumo excesivo y que coquetea con las drogas de diseño».

La quinta puerta

El programa Eraiki trata la psicopatología, enfermos mentales que se encuentran en esta situación por el efecto de distintas sustancias. Además, en la cuenta programas -o puertas, como les llaman- figura también la del alcohol. Pero la más novedosas es esa quinta puerta, la que abre sus actividades más tarde porque sus pacientes son personas que acuden cada día a trabajar, que cuidan a sus hijos, que viven en familia y que, sin embargo, necesitan desintoxicarse de alguna adicción. Es un mundo poco conocido, pero Rober Arín asegura que tratan casos en los que es la propia empresa la que pide al trabajador que acuda a los programas para que luego vuelva a su vida laboral. «En el caso del alcohol, por ejemplo, la presión de la familia también está presente porque no se quiere perder a la mujer o al marido y mucho menos a los hijos. La coordinación con el mundo sanitario también es cada vez mayor». La conclusión es clara: «Proyecto Hombre no es para tirados sino para aquellos que quieren salir de la adicción a la que están sometidos».

La relación entre delincuencia y las drogas también ha cambiado a lo largo de estos años. Quedaron lejos los atracos a farmacias o a bancos. Además, las multas y las penas por conducir bajo el ejecto de las drogas y el alcohol han servido para concienciar a la gente. Los jueces también son partidarios de que haya alternativas para aquellos que quieren salir de ese mundo aunque estén cumpliendo penas por algún delito.

Proyecto Hombre sigue hoy escribiendo su historia, pero el treinta aniversario de su fundación bien merece detenerse para enmarcar la efemérides. En mayo iniciarán los actos para celebrar que se puede salir de las adicciones y que mucha gente encontró el camino para dejarlas. El programa de actividades todavía no está perfilado del todo, pero se trata de dar a conocer la labor que inició Iñaki Aldabalde, ya fallecido, cuyo busto se encuentra en la entrada a la villa de Ategorrieta.

Todo comenzó en los años 80, cuando Aldabalde llegó a las martirizadas calles de Errenteria y conoció a gente como Rober. Fue en su casa donde el ahora monitor dejó las drogas y comenzó la experiencia, con el apoyo de la iglesia guipuzcoana y del entonces obispo José María Setién. El primer día de aquella terapia acudieron cuatro personas, pero la afluencia fue creciendo hasta pasar de esas 6.000 a las que han tendido la mano.

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fuente: Diario Vasco >>
 



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