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Anorexia: segundo campamento en San Martín de Valdeiglesias (Madrid) (03-08-2015)

FOTO: Silvia (nombre ficticio) en la playa días antes de acudir al campamento.

MADRID, Como cada verano desde que tiene siete años, Silvia (nombre ficticio) ansía que lleguen sus vacaciones estivales para alejarse del calor de la capital. Su madre, Marta, es la encargada de buscar algún campamento donde su hija mayor pueda acudir. Sin embargo, este año solo podrá asistir a uno "muy especial". Silvia, de 17 años, padece anorexia nerviosa desde el año pasado.

La Asociación en Defensa de la Atención a la Anorexia Nerviosa y Bulimia (ADANER) organiza su segundo campamento en San Martín de Valdeiglesias (Madrid) donde siete chicas, con edades comprendidas entre los 14 y 17 años, conviven durante una semana entre ellas y su enfermedad. Como indica Susana García, una de las psicólogas que acompaña a las jóvenes durante el campamento: "Lo que se busca aquí es que los chicos rompan con todo el año que llevan de ingresos y hospitales de día. Necesitan una experiencia de normalidad".


'A algunos no podemos dejarles que vengan al campamento porque se encuentran en una situación de ingreso o sus motivaciones siguen siendo perder peso o no comer'

Precisamente, el concepto de "hacer una vida normal" es uno de los objetivos de Silvia, que unos días antes de entrar al albergue 'Nuestra Tierra', donde se desarrolla esta cita anual, confesaba entre un aura de ilusión: "Esto va a ser un intensivo para mí. Necesito ver que soy capaz y conseguir vencer mis miedos. Presiento que este campamento será un reto más para vencer la anorexia".

Aún así, no todo el mundo puede entrar. El procedimiento pasa previamente por una entrevista de la psicóloga con los afectados y sus padres. "A algunos no podemos dejarles que vengan porque se encuentran en una situación de ingreso o sus motivaciones siguen siendo perder peso o no comer", afirma Cristina Zárate, otra de las psicólogas que trabaja en el campamento. Además, recuerda a un joven que pidió hacer la entrevista para acudir a esa semana pero, días después, se enteraron que fue ingresado.

Un día en el campamento

Cada jornada va dedicada a una temática. Nuestro diario acompañó a las jóvenes durante un día donde Egipto fue el protagonista. Dibujos por el cuerpo, nombres en jeroglífico y juegos piramidales que atravesar. La dinámica y el ejercicio físico son su línea continua ya que "deben estar atareadas para no pensar en nada más", añade Cristina. Sin móvil -solo pueden llamar el miércoles por la noche a sus padres- y teniendo el mismo menú que el resto de niños que se alojan en el albergue, "están consiguiendo desconectar del apego familiar, poder ser autónomas e integrarse", resalta Susana. Además, como interrumpe Cristina, "están comiendo todo y de todo".


'Te ayudan tanto porque allí nadie te juzga, no eres diferente; en definitiva, no eres una enferma'

Pese a que la hora de la comida; y sobre todo, la hora de después que ellos la llaman "reposo", sean las más críticas. Susana, Cristina y el resto del equipo están continuamente encima de ellas, pero "sin agobiarlas". En ningún momento suena la frase: "No te levantas de aquí hasta que no te comas todo" ya que como indican las psicólogas: "Aquí no podemos forzar a nadie, ellas mismas saben sus límites y cada día vemos cómo los van rompiendo gracias al grupo y la familia que se forma en esta semana".

Esta experiencia la ha vivido también Yara, de 27 años y participante durante dos años seguidos de esta cita anual. Tras asegurar que "ya ha derrotado la enfermedad", cree que estos campamentos le ayudaron para ser "consciente de lo que realmente le pasaba, y no solo de los aspectos alimentarios". La esperanza se denota entre el color verde de la naturaleza que les rodea porque, como señala Yara: "En una semana consigues cosas que antes creías que eran imposibles. Te ayudan tanto porque allí nadie te juzga, no eres diferente; en definitiva, no eres una enferma".

El hospital de día

Este campamento que cumple su segunda edición en Madrid, aunque lleva varios años celebrándose tanto en Granada como en Santander, es" algo complementario a la rutina que tienen que seguir en el hospital de día", como indica Cristina.

Un lugar donde los enfermos por TCA (Trastornos de Conducta Alimentaria) son controlados por profesionales a lo largo del día. Un régimen "muy estructurado", según Cristina, que tiene objetivos "totalmente distintos" a la actividad que organiza ADANER.

Silvia contó a EL MUNDO su experiencia de cómo era su rutina en un hospital de día:

"Entrabamos a la una del mediodía. En primer lugar, íbamos al baño a hacer pis y nos pesaban en ropa interior. Una vez que salías, ya estaban las bandejas con el almuerzo. Comíamos en 40 minutos. Ni uno más. Si te pasabas, te llevabas de regalo un batido de 300 calorías. Además, tenía que estar el plato rebañado".

Después, tienes dos horas para hacer deberes. Llegan las cuatro y media y toca la merienda. Te dejan veinte minutos; y si te pasas nuevamente, otro batido. Cuando acabas, hay talleres que suelen ser de la Cruz Roja. Finalmente, a las siete y media te ponían la cena que tenías que comértela en media hora. Si no se cumplía, otro batido.

Si en ese día has bajado 100 gramos, es tu culpa. Te has puesto a vomitar o has hecho deporte. Así que, te regalan otro batido. Así lo solucionan todo.

El rol de los padres y los profesionales públicos

La presidenta de ADANER Madrid, Pepi, lo tiene muy claro: "Esta enfermedad no disminuye, va cada vez más en aumento". Su experiencia al mando de una de las pocas asociaciones españolas que se dedican a ayudar a estos afectados le avala: "Son trastornos que no están lo suficientemente apoyados por la sociedad ya que las enfermedades psicológicas asustan".



Boca tapada por dos cintras métricas cruzadas.LUIS PAREJO

Marta supo desde primera hora que Silvia tenía anorexia. Sin embargo, en el momento de verlo escrito junto al nombre de su hija, "se le cayó el mundo", confiesa. Aunque la detección fue precoz, Silvia ha adelgazado 21 kilos desde entonces.

"Me he sentido ninguneada por los médicos", denuncia Marta el trato recibido por los profesionales de la sanidad pública . Le sorprende "el desconocimiento que hay sobre esta enfermedad". Además, cuenta con crudeza cómo un psiquiatra le llegó a decir a ella y a su hija que "no iban a crear un problema donde no lo había".

Pepi afirma igualmente que "hay mucha falta de profesionales especializados". Asimismo, considera "inconcebible" que un psicólogo de la Seguridad Social vea "una vez al mes" a una persona que está en riesgo.

Pese a todos los obstáculos y "las pocas subvenciones" que tiene la asociación, luchan cada día para lograr una meta en la que tanto Silvia, Marta, Cristina, Susana, Yara como Pepi, coinciden: "De la anorexia, se sale".

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fuente: El Mundo Salud >>
 



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