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"Cuando el consumo de sustancias condiciona el día a día de una persona (05-08-2015)



ARAGON, Jesús Sánchez: "En el momento en el que el consumo de sustancias condiciona el día a día de una persona, hay un problema"

En 2014 casi 9.000 personas acudieron para desintoxicarse a alguno de los ocho centros pertenecientes a la Confederación de Entidades para la Atención a las Adicciones que hay distribuidos en cuatro comunidades autónomas. En Zaragoza su sede cumple 30 años. Tres décadas ayudando a las personas a reconocer sus adicciones y salir de "las garras de las drogas".

Hace 30 años nació en Zaragoza una organización que ayuda a miles de personas cada año a salir del agujero de las drogas. El Centro de Solidaridad de Zaragoza, dirigido por Jesús Sánchez, llegó a la capital aragonesa cuando la heroína estaba a la orden del día. Un momento sociocultural que marcó el inicio de una organización cuya meta es ayudar a las personas adictas y sus familias.

Los programas de Centro de Día, de Comunidad Terapéutica, Patología Dual, Mantenimiento de Metadona, Atención a adolescentes y a sus familias, Prevención e Intervención de Servicios Penitenciarios, completan una oferta de apoyo con una filosofía clara: el respeto a la dignidad de las personas y la garantía en la universalidad de la atención.

Pregunta.- El Centro de Solidaridad de Zaragoza cumple 30 años. ¿Qué evolución ha vivido la institución?
Respuesta.- Ha sido una evolución tremenda, fiel reflejo del cambio de realidad social de las últimas décadas. Sobre todo en el ámbito en el que hemos realizado nuestra actividad principal, motivados por la misión que se nos encomendó en su día que era el tratamiento de personas y familias con adicciones. La patología adictiva ha cambiado y nosotros hemos acompañado esos procesos, hemos confiado en que había que cambiar conforme a la realidad.

P.- Proyecto Hombre fue el primer programa que llevaron a cabo, es uno de sus programas más emblemáticos. ¿Cómo ha ido creciendo en los últimos años?
R.- En los años 80, surgió esa grave epidemia del consumo de heroína y fuimos capaces de implantar un programa terapéutico que ya había comprobado sus éxitos en Italia y lo trajimos junto con otras ciudades a España. Prácticamente era lo único que existía porque en la administración no se había implementado ninguna ayuda concreta.

En realidad, fue la Iglesia la que a través de sus diócesis puso en marcha los programas, la nuestra fue una más. Impulsaron esta fundación y la gente vinculada a movimientos de la Iglesia fue la primera que entró a formar parte de ella.

P.- ¿Están las drogas de alguna manera sujetas a modas o épocas socioeconómicas específicas?
R.- Sin lugar a dudas. En un mundo globalizado están muy sujetas a esas tendencias sociopolíticas y económicas. En los 80 vivimos una gran depresión que coincidió con el fin del éxodo rural. Se generaron barrios obreros y mucha gente joven desempleada terminó en las “garras de la heroína” o vinculadas a enfermedades infecciosas como el VIH o la Hepatitis C. En los 90 fue el boom del consumo, de todo. Igual que pisos y coches, consumimos sustancias como la cocaína. Llegamos a convertirnos porcentualmente en el país en el que más coca se consumía en el mundo.

Y de nuevo a partir de 2006, comprobamos los graves efectos de la crisis económica. Se produce un estancamiento de la coca y empiezan a surgir otras sustancias. En una cultura mediterránea como la nuestra donde el alcohol ha tenido peso como componente de relación social, está teniendo un consumo muy elevado en personas que al final desarrollan una patología.

P.- El alcohol es la droga de la última década entonces...
R.- Sí, ha cambiado el patrón en consumo del alcohol en la población joven. No es lo mismo consumir ahora que hace diez o quince años. Esas prácticas de consumir mucho alcohol en poco tiempo, el botellón, no era costumbre hace 20 años. Eso sí que está teniendo unas repercusiones en las costumbres. La edad media de inicio está por debajo de los 14 años, y para cuando la gente joven alcanza ésta edad tiene que ser consciente de lo que conlleva consumir.

P.- Precisamente, ¿cómo influye empezar a probar el alcohol a tan temprana edad a la hora de convertirse después en adictos?
R.- Afortunadamente yo siempre digo que el hecho de que haya un consumo excesivo de sustancias con alcohol no tiene que llevar consigo que esas personas desarrollen una patología. Serán consumos experimentales, pero es un proceso educativo en el que hay que incidir desde muy pequeños, también desde el ámbito educativo. Todas las campañas de concienciación inciden mucho en que hay que tener en cuenta que los menores no deben beber alcohol, por mucho que convivan con él. No es conveniente. Existen multitud de actividades de ocio q no van acompañadas de consumo de alcohol.

P.- ¿Qué papel juega la familia en la prevención de estos casos?
R.- Hay que hablar con los hijos desde muy pequeños. El desarrollo de la personalidad tiene que venir desde lejos. No podemos sentar a nadie con 15 años a razonar, tiene que ser un trabajo de toda la vida. Las normas son importantes en todas las familias, las normas están para incumplirlas también pero eso tiene que tener consecuencias. No desde un talante represivo sino dialogante y negociador. Hay normas que se deben cumplir. Somos los padres los que tenemos que imponer criterios en la educación los hijos.

P.- En cuanto al perfil de drogadictos, los hombres siguen predominando...
R.- Nuestros últimos datos nos indican que son varones, en torno al 80%, los que nos demandan ayuda. Existe sin embargo también un porcentaje importante de mujeres, un 20%, dentro del cual es muy significativo el elevado porcentaje con patología exclusiva del alcohol. La principal sustancia de consumo para acceder al tratamiento sigue siendo la cocaína pero en valores similares al alcohol.

Suelen acudir a nosotros personas que han tenido un trabajo más o menos normalizado pero que en épocas de crisis son expulsadas del mercado laboral e inciden en esa crisis de consumo que les lleva a pedir ayuda.

P.- ¿Cuándo una persona es considerada adicta al alcohol o a las drogas? ¿Dónde está el límite?
R.- Ese límite no va a existir nunca. Dentro de lo que es que vamos a convivir con las drogas siempre, lo que uno realmente tiene que ser consciente es que en el momento en el que el consumo de esas sustancias afecte a su vida cotidiana y diaria tiene que reconocer que necesita ayuda para poder afrontar su vida, de manera autónoma y libre sin depender de sustancias. Eso uno es consciente de cuando se produce. En el momento en el que uno percibe que si no se bebe dos cervezas es incapaz de llevar una vida normal y corriente afrontando los problemas del día a día tiene que ver que tiene un problema.

Todas las sustancias alteran nuestra conciencia, uno tiene que saber cuándo le están afectando. El primer paso en todo proceso terapéutico es el reconocimiento de que tengo un problema y necesito ayuda.

P.- ¿Qué porcentaje de reinserción en la sociedad y laboral tiene una persona adicta?
R.- Cuando una persona ha desarrollado un problema de adicción lo que tratamos es que no exista un impás en su vida muy radical donde parece que ha habido un inicio y fin. Se inicia un proceso de carácter terapéutico, de diferente intensidad, pero este concepto no es inicio y fin. El tratamiento va a durar un tiempo determinado entre siete y 16 meses.

Una vez termina ese tratamiento, la conciencia de proceso está toda su vida. Durante mucho tiempo no tiene por qué necesitar intervención terapéutica pero sí que tiene que tener una conciencia de proceso.

Si no está alerta puede tener una recaída. Hablar de porcentajes es difícil porque es algo que te acompaña toda la vida. No se está ni totalmente enfermo ni totalmente sano. Es un proceso en el que la persona se sumerge y va caminando, día a día.

P.- Sanidad ha transferido hace unos días cerca de diez millones de euros a las comunidades autónomas para la lucha contra las drogas; Aragón ha recibido 372.446,74. ¿Es suficiente? ¿Están las administraciones involucradas con el problema de las adicciones?
R.- Nosotros lo que siempre decimos es que si algo tenemos que valorar, en estos 30 años de intervención, es que hemos sido capaces de que el tratamiento psicoterapéutico de las adicciones esté normalizado dentro del sistema sanitario. Esto es importante para no estigmatizar a la persona que en un momento dado necesita ayuda.

Lo malo es que ésta integración está escasamente dotada de recursos. No tenemos camas de deshabituación, tampoco prestaciones de servicio público en cuanto a concepto ambulatorio, o la comunidad terapéutica esta infradotada, en eso tenemos que ser conscientes de que se puede mejorar. Y los primeros que lo son, son la Administración pública que les gustaría dotar con más medios estos dispositivos… En estos momentos no existe esta posibilidad.

P.- ¿Pueden las personas colaborar de manera privada con la Fundación?
R.- Cualquier persona es bienvenida a nuestra fundación. A nivel social pensamos que tenemos un prestigio muy ganado porque nos hemos convertido en esas personas que cuidan de afectados. Siempre estamos abiertos a voluntarios, y también dentro de la RSE tanto a nivel ciudadano como empresarial estamos abiertos a que nuestra entidad sea beneficiada en proyectos que podamos desarrollar de manera conjunta.

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