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¡No más compras compulsivas! (14-12-2015)



EE.UU., Las personas compulsivas compran para llenar algunos vacíos, les mostramos algunas señales.

La pequeña cartera era de la marca Michael Kors y apenas costaba $us 20 de segunda mano y a María le brillaron los ojos, porque sabe lo que en realidad vale y decidió comprarla, aunque eso le provocó quedar nuevamente con un saldo negativo en sus ingresos.

Acaba de pagar dos meses atrasados que tenía de alquiler y aunque María tiene muchas carteras, aún así compró porque considera que es una ganga. No obstante, al llegar a su casa y darse cuenta de este y otros gastos de cosas que no necesita, comienza a considerarse una compradora compulsiva.

“Me da vergüenza y sé que debo dejar de comprar, pero cuando estoy delante de carteras, zapatos o ropa, no puedo parar e incluso me endeudo y voy pagando de a poco. Por ello decidí buscar ayuda”, dice.

Similar era el caso de Silvia, que al principio compraba ropa, zapatos, complementos y productos de belleza para verse mejor. Se llevaba de todo a su casa y, aunque no le hicieran falta, estaba feliz.

“Poco a poco, mi adicción a las compras fue creciendo y empecé a acumular todo tipo de objetos inservibles: desde figuritas hasta lámparas o tapices de anticuarios. Si veía algo que me gustaba, me lo llevaba sin reparar en el precio ni en la utilidad. Hasta llegué a pagar $us 3.000 por un espejo enorme que no tenía dónde meter en mi casa”, relata.

Ahora ella está en proceso de rehabilitación y dice que no asumió que tenía una adicción hasta que le llegó la demanda de divorcio y las cartas de los bancos por deudas acumuladas contraídas a través de su tarjeta de crédito, porque siempre gastaba más de lo que podía. También llegó a pedirle dinero a su familia poniéndoles excusas.

Según un estudio de la Universidad de Stanford en el American Journal of Psychiatry, más del 6% de las personas son compradoras compulsivas. La sicóloga Claudia Tórrez explica que el tratamiento que deben seguir los compradores compulsivos para superar ese trastorno es similar al que requieren las personas que tienen otras adicciones.

Aunque en nuestro medio no es común que los compradores compulsivos recurran a la terapia, los especialistas consideran que para controlar ese impulso, muchas personas tienen que buscar ayuda.

“Lo primero para poder ayudarlos es que reconozcan el problema y luego hacerles un control, que pasa por quitarles las tarjetas de crédito y asignarles solo una determinada cantidad de dinero, cuyo gasto tienen que justificar con facturas. En este tratamiento la familia juega un rol fundamental”, argumenta Tórrez.

Mucha tentación
Con los descuentos en esta época navideña es muy fácil caer en la tentación de gastar por demás en este mes, sobre todo si la persona tiene un problema de descontrol en las compras, que más allá de un descuido en las finanzas es un trastorno mental reconocido por los sicólogos, pero poco estudiado.

La sicóloga Mónica Rivero afirma que comprar no es malo, siempre y cuando no perjudique la posterior situación económica. Aclara que la compra compulsiva no se da solo a fin de año, es un trastorno asociado a la adicción que consiste en obtener cosas innecesarias de manera desmedida e incontrolada, con las cuales la persona cree llenar un vacío, una vida sin sentido y olvidarse temporalmente de sus problemas.

Para los compulsivos, comprar les genera algo similar a la euforia que provoca el alcohol, dicen los terapeutas, y para ellos es difícil estar alejados de esa sensación de placer.

La sicóloga Liliana Zabala indica que para evitar las compras compulsivas en esta época, deben analizar sus gastos porque luego pueden arrepentirse, ya que después tendrán los gastos escolares.

Hagan un balance del dinero recibido, incluyendo salario, bonos, aguinaldos, traten de ahorrar y realicen un detalle de cuánto van a gastar en las fiestas y no se excedan del límite.

Asimismo, aconseja que hagan una lista de las cosas que necesitan comprar para el hogar y otra de los regalos y a quiénes se los dará (hijos, esposo y padres, etc.). Por último prioricen sus necesidades y guarden dinero en lugares seguros para cualquier emergencia. “Las fiestas de fin de año son para compartir con la familia, no para excederse en los gastos”, resalta.

¡Pensar antes de gastar!
Gary Rodríguez, analista económico, coincide en que diciembre es el momento del año del gasto por excelencia provocado desde lo interno por un deseo de dar, de regalar, y de alegrar a otros, pero también de darse un gustito con la alta disponibilidad de ingresos: sueldo de noviembre, los dos aguinaldos y el sueldo de diciembre, además de las remesas del exterior.

Pero, pasadas las fiestas, viene la resaca, añade. Así como ocurre luego de una borrachera, al exceso de gastos por las compras compulsivas por una fugaz felicidad y disfrute, le suele suceder un rosario de tristes historias de deudas y sinsabores.

En su criterio, en momentos en que se avizora una crisis que para algunos se siente ya por la pérdida del trabajo, cuando el movimiento económico que se disfrutó por una década empieza a atenuarse, lo aconsejable en estas fiestas, dado el complicado escenario, es:

– No se deje seducir por las compras que no son indispensables: Gastar más de lo debido hoy significará menos ingresos mañana.

– No regale lo que no puede pagar: no intente expresar su amor con regalos materiales, que luego puedan significar una aflicción para la misma persona.

– Si dispone de recursos adicionales, aproveche para pagar o amortizar sus deudas: recuerde que el deudor es esclavo de quien le ha prestado dinero.

– Ahorrar o invertir, es mejor “el ahorro es el sacrificio del consumo presente, para el disfrute futuro”.

– Hable sobre el tema con su familia: los hijos deben llegar a entender que el verdadero amor no debe depender de algo material, sino del afecto sincero

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fuente: Eju >>
 



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