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Terapia de pareja contra el «phubbing» (20-03-2017)



MADRID, «Habla, te estoy escuchando», «tranquila, puedo hacer dos cosas a la vez»... Se trata de dos frases muy familiares tanto para el que las escucha como para el que las pronuncia, habitualmente, con un móvil aferrado entre las manos. Se calcula que miramos el teléfono unas 150 veces al día y que no somos capaces de pasar más de una hora sin «tocarlo». Esta actitud, adictiva para unos y maleducada para el resto, ya ha sido bautizada con el nombre de «phubbing», unión de la palabra «phone» –teléfono– y el verbo «snubbing» –ignorar–. El ejemplo característico es el de una cena entre amigos, en el que todos charlan distendidamente, salvo uno de los comensales, dedicado a consultar los mensajes de WhatsApp, abstraído de lo que ocurre a su alrededor. Pero el mayor problema es cuando el «phubbing» se traslada a la vida en pareja. En un país en el que se producen 277 separaciones y divorcios de media al día, ¿en qué medida contribuyen a las rupturas fenómenos como este? A falta de cifras oficiales, está la experiencia de los psicólogos y expertos en terapia de pareja: hoy, los matrimonios están unidos... hasta que el móvil los separa.

«Antes, la adicción al móvil no era un problema importante. Pero ahora, se trata de una de las variables que tenemos que consensuar en la pareja», explica a LA RAZÓN Enrique García Huete, experto en psicología clínica y coaching y profesor de la Universidad Complutense de Madrid. El psicólogo ha participado en el estudio «El amor en tiempos digitales», a cargo de la consultoría de comunicación Torres y Carrera. Y la adicción al móvil en la vida sentimental ha sido uno de los campos a analizar. «El móvil se ha convertido en un comodín para la información, el ocio y también para la interacción personal. Y vemos que está cubriendo una serie de carencias en la relación. Sin el teléfono, la pareja está obligada a mirarse a la cara y preguntarse: “¿Ahora de qué hablamos?”. Si no tienes nada de qué hablar, te enganchas a ese comodín que es el móvil», añade. Si los dos cónyuges tienen la misma adicción, no hay problema; otra cosa es el nivel de calidad de esa relación. Las contrariedades más graves surgen «cuando uno está enganchado y el otro no». La sensación que se sufre es de rechazo: «El otro se siente abandonado, piensa que a su pareja no le interesa lo que le pase».

De forma incipiente, los expertos ya están estudiando formalmente el problema del «phubbing» doméstico. Un informe liderado en 2014 por la Universidad de Illinois (EE UU), en el que se encuestó a más de un centenar de personas, concluía en que un 70% de los participantes percibía que el «phubbing» lastimaba su habilidad para interactuar con sus parejas. Mientras, en un reciente trabajo realizado por la Universidad de Baylor (EE UU), que contó con la participación de 175 personas, se constató que aquellas parejas en las que uno de los miembros es adicto al móvil sufría más problemas conyugales que otras donde no se manifestaba un uso abusivo del teléfono.

Ante esta situación, «recetar» un menor uso de los dispositivos ha pasado a formar parte de la terapia de pareja. O lo que es lo mismo: el «silencio tecnológico» como una de las herramientas a poner en práctica. «Tras evaluar la situación, se ve una diferencia en los intereses. A partir de ahí, deben buscarse los consensos, los huecos. En algunos casos, era repartirse las tareas domésticas. En estos, se trata de buscar momentos durante el día en el que no se utilice el móvil, o incluso un día entero o un fin de semana», asegura García Huete. Puede parecer fácil, pero hoy día, viviendo constantemente online, constituye todo un reto. «Durante las vacaciones quieres compartir lo que estás haciendo a través de las redes sociales, presumir de fotos, en vez de disfrutarlo, dejarte llevar por la imagen...», dice el psicólogo.

No en vano, el móvil ha pasado a ser un aliado más de nuestra vida sentimental. O al menos, un aliado para comenzarla. Según los datos de un estudio realizado por Paw Internet, el 50% de los jóvenes recurre a Facebook y otras redes sociales para mostrar su interés hacia otra persona. Asimismo, un 29% ha terminado su relación vía llamada telefónica, mientras que un 6% ya lo ha hecho a través de un mensaje privado. Para García Huete, el problema puede ir a más «con las parejas que se formen de aquí a 10 años». No en vano, hablamos de nativos digitales que, prácticamente desde su nacimiento, han vivido inmersos en las nuevas tecnologías. Así, la franja de edad que va desde los 30 años en adelante aún puede concederse una «tregua digital».


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fuente. La Razón >>
 



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