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Alejandra Posada, Cecilia Cardero y Elvira Rivas participan en el programa Mírate de Érguete.

NOTICIAS: 04.10.2021

El programa “Mírate” trabaja de forma individual con las internas y también organiza talleres grupales para mejorar sus habilidades sociales y la gestión de las emociones

 

Rocío Suárez

GALICIA. Un total de 56 mujeres, en su mayoría internas de la cárcel de A Lama, participan este año en el programa “Mírate” que lleva a cabo la asociación Érguete desde hace más de una década y que financia la Consellería de Igualdad de la Xunta de Galicia.

El objetivo es lograr que las mujeres privadas de libertad ganen confianza, recursos y habilidades para que puedan afrontar las condiciones de desigualdad que les afectan tanto en la comunidad como en su hogar. Son unas 50 reclusas de A Lama y el resto son mujeres en tercer grado o de la prisión de Teixeiro.

El equipo está formado por una educadora, una psicóloga, una trabajadora social y cuentan también con la colaboración de un abogado para cuestiones jurídicas que se planteen. Trabajan de forma individual con cada una de estas mujeres y también organizan actividades grupales, con talleres de autoestima y autoconocimiento, puesto que muchas proceden de entornos muy desestructurados o son víctimas de violencia de género, talleres de sexualidad saludable y otros de gestión emocional porque “son muchas viviendo juntas y a veces surgen conflictos entre ellas. Si estás encerrado las 24 horas y no tienes actividades como pasó en pandemia lo único que hacen es pensar en sus problemas, te lleva a tener emociones negativas y a estar agobiado”.

UNA ALTA PARTICIPACIÓN

Las internas de A Lama se volcaron con esta iniciativa de Érguete, que trabaja de forma coordinada con el personal de prisión a la hora de detectar las necesidades y poner solución. Un ejemplo es que desde hace dos años las mujeres tienen acceso al módulo terapéutico que tiene tratamientos más especializados para deshabituarse de las drogas y en los que se introdujo la perspectiva de género. Desde Érguete colaboran para motivar a las reclusas y para favorecer su adherencia al tratamiento.

Otro de sus cometidos tiene que ver con la salida de prisión. “Es difícil para el que lleva 20 años, lo mejor entran con 19 años y se van con 39. Se encuentran con una realidad muy diferente o tiene que volver a un núcleo familiar desestructurado en el que hay violencia o tráfico de drogas o consumo”, explican. A estas mujeres les preocupa sobre todo si van a tener derecho a una prestación económica, la convivencia en el núcleo familiar o el consumo porque muchas lo están intentando dejar dentro de prisión. “Y les preocupa el día a día. Hacer una compra o una gestión en la Administración les supone bastante esfuerzo. Nosotras les damos apoyo y seguimiento para que ellas vayan adquiriendo independencia”

“Nos sorprende su fortaleza a pesar de tener una vida difícil”

Las técnicas del programa “Mírate” aseguran que ellas también aprenden cada día con las mujeres reclusas. “Nosotros nos quejamos de lo nuestro, pero ellas han vivido situaciones muy complicadas y a pesar de todo son capaces de seguir adelante. No sabemos de donde sacan las fuerzas y las ganas. A nosotras nos reciben muy bien, son muy agradecidas”. En su experiencia con este colectivo han aprendido que “cualquiera puede entrar en prisión”. Apuntan que es cierto que hay un perfil de personas que tienen unas circunstancias muy complicadas y que otros en su lugar podrían terminar de la misma manera, pero en otros casos tenían vidas muy normalizadas y por determinados factores entraron en prisión. “No es la imagen que pueda tener la sociedad, a veces se asocia prisión con barrabasadas, pero cuando conoces sus historias de vida ves que no es así”.

Por otro lado, consideran que las mujeres lo tienen más difícil. “Te juzgan doblemente, por el delito que has cometido y por el hecho de ser mujer”. A esto se suma el hecho de que las mujeres que consumen drogas o están en prisión tienen menos apoyo familiar que los hombres. Este es una de las razones del trabajo de Érguete. “Es un colectivo al que hay que apoyar más y darle una oportunidad”.  Dentro del programa realizan una orientación prelaboral y de apoyo una vez que lo consiguen. “Es un paso intermedio. Si una persona no tiene una buena estructura de habilidades sociales y de autoestima es muy difícil acceder a un puesto de trabajo. Previamente hay que trabajar cuestiones básicas”, señalan.

El año pasado, un total de 11 usuarias del programa “Mírate” consiguieron un empleo y otras 3 mujeres estaban buscando trabajo. “Es importante porque es un colectivo difícil a la hora de lograr la inserción laboral por muchos motivos. Nosotros nos planteamos objetivos más pequeños, que vean que un ejercicio les fue muy bien o que decidan iniciar un tratamiento de deshabituación. Todo eso es muy satisfactorio y va sumando”.

También animan a las que deciden estudiar. Hay dos o tres mujeres en alfabetización, algunas que lograron el título de ESO y otras que están empezando, e incluso hay dos jóvenes en Bachillerato.

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