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Alerta por el GBL, una droga utilizada en ‘chemsex’ y violaciones

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Una discoteca, en una imagen de archivo. ARA

NOTICIAS: 09.12.2021

Primero da sensación de euforia, sin embargo después tiene efectos sedantes que pueden provocar un coma inducido

 

CATALUÑA. Es un líquido transparente, sin olor y que se vende en botellitas de 10 o 30 ml por unos 10 o 30 euros (una dosis oscila entre 1 y 2 ml). En la calle se conoce como “éxtasis líquido” –a pesar de que no contiene esta sustancia– o también se le denomina “G”, “Chorri” o “Bote”. Es el GHB (ácido gamma-hidroxibutírico) o GBL (gamma-butirolactona), un depresor anestésico que provoca efectos antagónicos: primero euforia, desinhibición, excitación y aumento del placer sexual, pero después relaja, duerme e, incluso, puede provocar un coma inducido o una depresión respiratoria.

El GHB se desarrolló en los años 60 como anestesia y en los 80 se utilizaba para el insomnio o para el síndrome de abstinencia de alcohol, pero se dejó de utilizar por sus efectos secundarios. En los años 90 se empezó a consumir de manera recreativa hasta que prácticamente desapareció. Ahora ha vuelto al mercado de la mano de las chemsex –fiestas donde se mezclan drogas y sexo–; y sus consumidores suelen mezclarlo en las bebidas y lo consumen con otras sustancias como el alcohol, la marihuana, la cocaína o las anfetaminas.

“El GHB tiene un gusto más salado y el GBL es más químico. Es ilegal tener GHB pero no GBL, que es un disolvente que se puede comprar a nivel industrial. Por eso, ahora mayoritariamente se consume GBL”, señala la educadora social del Centro de Atención y Seguimiento a las Drogodependencias de Girona, Núria Martín.

El GHB o GBL es una droga líquida e incolora, que se suele mezclar con las bebidas LEIEM/VIQUIPÈDIA

Una de las drogas de los violadores

El médico y coordinador del área de adicciones del Hospital Santa Maria de Lleida, Xavier Samper, añade que es una droga “muy recreativa que se utiliza en un contexto muy determinado: en orgías o chemsex o encuentros sexuales”, y sus efectos varían en función de la persona. “Primero notan un efecto de subida, pero después desaparece y empieza la somnolencia, que puede provocar depresión respiratoria, alucinaciones, amnesia, vómitos o llegar a un coma inducido”.

Como se consume en forma líquida, es muy difícil calcular correctamente la cantidad a ingerir para evitar los efectos nocivos. “La diferencia entre una dosis que te dé euforia y una dosis letal es muy pequeña, y es relativamente fácil intoxicarse o sufrir una sobredosis”, advierte el médico del centro de desintoxicación Mas Ferriol, Xavier Fàbregas.

Así mismo, los dos doctores alertan que es una de las sustancias que se pueden utilizar en violaciones o agresiones sexuales porque se puede poner fácilmente en la bebida de la víctima sin que la note y, gracias a sus efectos amnésicos, el día siguiente no recuerda nada. Además, como desaparece al cabo de 3 o 4 horas del cuerpo, no se suele encontrar en análisis toxicológicas.

Diez años enganchado al GBL

Samper y Fàbregas exponen que, en sus respectivos centros, no se han encontrado con muchas personas adictas exclusivamente al GHB o GBL, puesto que generalmente se toman junto con otras sustancias. Aún así, hay algunas que se han enganchado, como Àlex (nombre ficticio), un empresario de 40 años. Él la probó por primera vez, con 22 años, en París: “Sabía de los peligros que tenía, pero pensaba que no me pasaría a mí”, recuerda. La compraba por internet y, al principio, solo la consumía de viernes a domingo. “Pero con el confinamiento de marzo de 2020 pasé a consumir cada día: la única persona que venía a casa era el camello que me traía GHB y cocaína”, reconoce. También tomaba cocaína, pero para contrarrestar los efectos relajantes y somnolientos del GHB.

Estuvo unos diez años consumiendo, durante los cuales tuvo varios sustos. “Me desmayé varias veces en discotecas, y con los amigos agarrándome. No solo te estropeas la noche a ti mismo, sino también a tus amigos, que se tienen que pasar cinco, seis o siete horas vigilándote y poniéndote en posición lateral para evitar que te ahogues con tu vómito”. Había acabado en el hospital más de una vez. “Mi madre me había encontrado desmayado y llamaba a la ambulancia porque no me despertaba”.

A pesar de las malas experiencias y de la insistencia de su familia para que ingresara en un centro, él no lo dejó hasta que un día tuvo alucinaciones. “Estuve dos días que sentía voces y veía hormigas, y me cagué de miedo”. Pasó por diferentes clínicas de desintoxicación, pero fue en Can Ferriol donde pudo desengancharse: “Ellos adaptan el tratamiento a la droga a la que estás enganchado, con terapias y métodos más actuales. Y desde entonces, no la he vuelto a probar”.

 

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