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¿Cómo hemos conseguido que los jóvenes ‘dejen’ de fumar?

Foto: ADRIÀ VOLTÀ

NOTICIAS: 27.04.2022

La prevalencia sigue siendo alta, pero menor que en décadas anteriores

 

 

 

En la cuadrilla de Rubén Andueza (Bilbao, 18 años) son once, casi todos chicos: «Solo tres fuman a diario. Yo lo he probado, pero no me gusta, ya de niño me molestaba el humo cuando fumaban los adultos. Así que no tengo ningún interés, no lo necesito». Seguro que en la cuadrilla de los padres de Rubén la proporción de fumadores no sería esa. Los jóvenes de hoy fuman menos que hace veinte o treinta años. Es una percepción y un hecho que confirman los datos: en 1993 el 36,2% de los chavales de entre 15 y 24 años fumaba a diario, cifra que ha caído hasta el 15,2% en 2020, según los datos de la Encuesta Europea de Salud en España, que se recogen en la web del Ministerio de Sanidad. ¿Cómo hemos conseguido que ‘dejen’ de fumar?

«Los datos son a la baja, sí, pero la prevalencia aún es alta. Los adolescentes siguen fumando mucho», lanza la advertencia Regina Dalmau, de la Sociedad Española de Cardiología (SEC). Y coincide en este diagnóstico el Ministerio de Sanidad, que ya trabaja en una nueva ley que cerque todavía más a los fumadores (se estudia la prohibición de fumar en el coche, el incremento del precio de las cajetillas…) y que se propone reducir hasta en un 7% el porcentaje de fumadores de 14 a 18 años.

¿Se consigue esto con restricciones o con campañas? Regina Dalmau cree que, desgraciadamente, las campañas, aunque necesarias, «no hacen demasiada mella en un colectivo de gente que, por su edad, no tiene conciencia de que pueda enfermar a causa del humo».

Aunque algo de este mensaje va calando, se muestra más optimista Guillermo Fouce, presidente de Psicología Sin Fronteras. «La juventud actual tiene una percepción del riesgo mayor de la que tenían las generaciones anteriores. Esa batalla, al menos, se ha ganado».

Así lo recogen las encuestas también: «El 88,7% de los jóvenes opina que el tabaco puede producir muchos o bastantes problemas de salud», según consta en el ‘Informe 2021. Alcohol, tabaco y drogas ilegales en España’, elaborado por el Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones y la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas.

61,6% de los fumadores habituales se ha planteado dejar de fumar. En el tramo de entre 35 y 64 años se registran los porcentajes más altos de personas que quieren abandonar este hábito.

«Antes, fumar era un hábito que no se cuestionaba. En la tele salía la gente fumando, era lo normal. Hoy nadie enciende un cigarrillo en una película. Ahora, lo ‘normal’ es no fumar y hacerlo es lo ‘sancionado’ socialmente. Durante muchos años, ‘como el otro fumaba, yo también’. Todos fumaban para parecer mayores, pero ahora casi que el que fuma es el ‘rarito’». Ahí está el ejemplo de Rubén y de sus amigos. «Tener un cigarro en la mano sigue dándote una imagen de chico más mayor, por eso algunos fuman cuando salimos de fiesta, pero no es algo que hagamos todos porque sí».

Paredes bronquiales

Una advertencia para quienes lo hacen: «Que la toxicidad del tabaco se manifieste es solo cuestión de tiempo. Su daño es acumulativo a lo largo de los años», alerta Regina Dalmau, quien considera que «sistemáticamente debería alertarse sobre sus peligros en cada consulta médica».

La doctora enumera las nefastas y conocidas consecuencias del tabaco: «Produce un efecto negativo sobre el desarrollo neuronal, lo que es especialmente grave en el caso de los más jóvenes, ya que puede reducir su capacidad de atención. A nivel respiratorio, destruye las paredes bronquiales, acelera los procesos de aterosclerosis y los infartos e ictus en personas en la treintena están muy ligados al consumo del tabaco. En los casos de cáncer sí hay una relación dosis-efecto: cuantos más cigarrillos se fumen, más posibilidades de desarrollar un cáncer, pero en los efectos cardiovasculares la relación no es así, no es tan directa, y puede sufrirlos una persona que fume poco e incluso alguien que nunca lo haya hecho pero haya estado expuesta al humo de otros».

Consumo de cannabis

Aunque los cigarros de cajetilla siguen siendo los más consumidos, desde hace unos años se ha incrementado la venta de tabaco de liar (el 17,5 % de los fumadores habituales), especialmente entre los jóvenes. «Existe una falsa percepción de que la picadura de tabaco es menos nociva, que es más natural, pero no está basada en nada. El tabaco de liar tiene todas las sustancias tóxicas», advierte Dalmau.

Y llama la atención sobre otra cuestión «preocupante»: «La relación entre el consumo de tabaco y el de cannabis, cuya prevalencia en España es altísima» (la edad de inicio en el consumo de esta última sustancia son 18,5 años). «Ambas sustancias son muy adictivas y se retroalimentan». Las estadísticas confirman que el consumo de cannabis es un hábito al alza: el 37,5% de los españoles asegura haberlo consumido alguna vez en su vida, porcentaje que era del 14,5% hace tres décadas. «La mayor prevalencia se da en el grupo de los jóvenes de 15 a 24 años, donde el 22,1% refiere haber consumido cannabis en el último año», reza el informe del Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones.

– ¿Qué le diría a un fumador?

Regina Dalmau: El mensaje positivo es que nunca es tarde para dejar de fumar. Si se deja el hábito de fumar antes de los 40 o 45 años se pueden revertir la mayoría de los efectos nocivos del tabaco.

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