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COVID-19 y adicciones: visión de un psiquiatra desde el hospital

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OPINION: 15-12-2020

Si miramos hacia atrás, el año 2019 parece muy lejano, como si de otra vida se tratara. La pandemia de COVID-19 ha impactado en las sociedades occidentales y en el imaginario colectivo de una forma brusca y, en muchas ocasiones, desgarradora.  En tan solo cuatro meses (de marzo a junio) el exceso de mortalidad en Europa fue de 170.000 personas, siendo España e Italia los países más afectados. Este dato no explica, sin embargo, el auténtico drama de muchas familias que han perdido a sus seres queridos, por la pandemia o por otras enfermedades, y no se han podido despedir de ellos; el dolor de muchos profesionales sanitarios que han llevado  a cabo su trabajo en condiciones adversas y con un apoyo por parte de la administración deficiente; el sufrimiento de muchas personas con problemas de salud mental u otras enfermedades que se han visto aisladas socialmente durante meses. El PIB ha caído un 15% y, si nos centramos en la economía real, la pobreza acecha a muchas familias: las que ya estaban en la cuerda floja antes de la crisis y otras muchas que nunca hubieran esperado sufrir esta situación.  En marzo, cuando todo esto empezó, algunas voces optimistas decían que de esta pandemia saldría una sociedad mejor. No todos, pero si en muchos casos, venían a decir que la mejoría de la sociedad sería por generación espontánea, casi por arte de magia.

Parafraseando al escritor Henry D. Thoreau “Las cosas no cambian, nosotros cambiamos”.  No podemos esperar a que la sociedad cambie para ser mejor, debemos hacerlo nosotros para poder influir en ella.  Si nos centramos en el campo de la prevención y el tratamiento de las adicciones, la pandemia nos ha enseñado mucho y tenemos la obligación de conservar aquello que ha funcionado e insistir para que se reconozca su utilidad desde un punto de vista institucional.  Pongo el foco en las adicciones siendo consciente que solo hablo de un 10% de los usuarios de drogas, y que el abordaje del consumo de sustancias es mucho más amplio y llenaría muchas páginas más de artículo.  Lo hago porque mi profesión, lo que hago cada día, se centra en esta pieza del puzle que conforma el uso de sustancias. Mi perspectiva es la de un profesional que trabaja en un hospital de alta complejidad atendiendo pacientes con adicciones y problemas médicos asociados.

Durante la pandemia la telemedicina ha supuesto un punto de anclaje para muchos pacientes que no tenían otra vía para continuar el tratamiento. En un mes, marzo, se avanzó más en la aplicación real de la llamada “salud digital” que en todo lo que llevábamos de siglo XXI. Esto ha permitido mantener un estándar de calidad asistencial aceptable pese a las adversidades.

En algunos centros se han realizado tratamientos de hospitalización domiciliaria de pacientes con patología dual o adicciones. El recurso de hospitalizar a los pacientes en casa, con el soporte de la familia y visitas de seguimiento diario por equipos de enfermería y medicina, se utiliza desde hace años para patología infecciosa o neoplasias, por poner dos ejemplos. Es toda una novedad en pacientes con adicciones, y debería mantenerse como una opción prioritaria para aquellos pacientes que requieren un tratamiento de hospitalización y disponen de unas circunstancias que lo permitan.  El recurso hospitalario clásico debería reservarse para los pacientes que no disponen de domicilio, de soporte familiar suficiente, o para cuando la situación orgánica del paciente no lo permite. En aquellos que deban ingresar en hospitales por complicaciones orgánicas, derivadas o no del uso de sustancias, un equipo de salud mental capacitado para el tratamiento de pacientes con patología adictiva es fundamental. No solo para asegurar un buen tratamiento de la adicción durante el ingreso sino también para reducir el estigma y asegurar una calidad asistencial global. El tratamiento de cualquier patología adictiva debe ser integrado y entendiendo el concepto de salud como el “estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades” (Organización Mundial de la Salud). Es imprescindible que profesionales de la salud de todas las profesiones y especialidades, trabajadores sociales, educadores sociales y agentes de salud en general, actúen de forma conjunta y estén libres de visiones reduccionistas.

Otros muchos pacientes pueden afrontar la crisis sanitaria con el acompañamiento de los profesionales de reducción de daños. Sin estos espacios de seguridad y apoyo la situación sería más dura si cabe. Sin embargo, su implementación no es homogénea y en ocasiones aún se pone en duda su utilidad, cuando la evidencia científica es claramente favorable respecto a la misma.

Desde hace más de 30 años se habla de tratamiento de las adicciones centrado en la persona.   La colaboración y el respeto a las decisiones del paciente están apoyados por la evidencia científica y por la aplicación de los derechos humanos. El objetivo de la recuperación de una persona que padece una adicción debe ser la salud de forma global, incluyendo el acceso a la vivienda, alimentos y empleo. Garantizar dicho acceso a las personas que padecen una adicción no debe considerarse una limosna, ni tan siquiera una ayuda social, es una parte fundamental del tratamiento y actualmente no está garantizado.

En resumen,  hay siete pilares que son fundamentales para poder mejorar la calidad asistencial, y con ella la calidad de vida de los pacientes, durante y tras la pandemia: 1) Telemedicina y soluciones digitales; 2) Hospitalizaciones en domicilio; 3) Servicios de psiquiatría de enlace que incluyan el tratamiento de los pacientes con adicciones como parte integral; 4) Servicios de reducción de daños y acceso a la vivienda (“housing first”); 5) Fomentar el acceso al empleo; 6) Implementación de un tratamiento integral libre de reduccionismos de cualquier tipo; 7) Implementación de tratamientos  centrados en la persona.

No puedo dejar de escribir unas líneas sobre la prevención de las adicciones. Sabemos que la regulación a través de la limitación del acceso, el incremento de precios y la supresión de la publicidad son fundamentales para disminuir los daños asociados y mejorar la calidad de vida de la población. En el siglo XXI un nuevo reto se pone delante de los profesionales, actuar como agentes de comunicación fiables, creíbles y efectivos, limitando así el impacto de las noticias falsas y controvertidas.  Los profesionales de la salud y los agentes sociales podemos usar las redes sociales o los medios de comunicación como oportunidad de cambio, pero deberíamos priorizar la honestidad y la transparencia a la trascendencia de nuestras intervenciones.

El mundo no va a cambiar por sí solo, ¿estamos los profesionales sanitarios dispuestos a hacerlo cambiar en cuanto al tratamiento y la prevención de las adicciones?

Una respuesta afirmativa solo puede ir acompañada de un cambio institucional, pero no olvidemos nunca la aportación individual de cada uno de nosotros.

Más información en:

https://www.economiadigital.es/finanzas-y-macro/la-crisis-del-coronavirus-lanza-el-deficit-publico-hasta-el-6-1_20094628_102.html

https://es.euronews.com/2020/10/20/covid-19-exceso-de-mortalidad-en-europa-de-casi-170-000-personas-italia-y-espana-las-mas-t

https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC7392642/

(*) SOBRE EL AUTOR
Hugo López

Licenciado en Medicina por la Universidad Rovira i Virgili, y especialista en psiquiatría en el Hospital Clínic de Barcelona. Doctorado en Medicina Traslacional por la Universidad de Barcelona. Formador en Entrevista Motivacional y miembro del Grupo Español de Trabajo en Entrevista Motivacional. Adscrito a la Unidad de Conductas Adictivas y a la Sección de Psiquiatría de Enlace e Interconsulta del Servicio de Psiquiatría del Hospital Clínic de Barcelona. Investigador del Grup de Recerca en Addiccions Clínic de IDIBAPS. Vicepresidente segundo de Socidrogalcohol.

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