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El humo residual del tabaco también puede ser un riesgo para la salud, según un estudio

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NOTICIAS: 23-12-2020

Los residuos que quedan en el ambiente y en las superficies interiores debido al humo del tabaco también podría ser perjudiciales para la salud, según un estudio liderado por la Universitat Internacional de Catalunya (UIC Barcelona), que ha detectado niveles de cotinina cuantificables en la saliva de las personas expuestas a estos residuos.

Cataluña, El estudio, liderado por los epidemiólogos y profesores de UIC Barcelona José M. Martínez-Sánchez y Cristina Lidón-Moyano, junto con investigadores del Instituto Catalán de Oncología (ICO L’Hospitalet de Llobregat) y del Instituto Hospital del Mar de Investigaciones Médicas (IMIM), ha sido publicado recientemente en la revista ‘Environmental Research’,

La cotinina es una sustancia química que produce el cuerpo después de haber estado expuesto a la nicotina. Además, según el estudio, no se han encontrado diferencias en los niveles de cotinina entre las personas expuestas al humo de segunda mano -aquel que se inspira al estar cerca de alguien que fuma- y al residual del tabaco.

Por ello, Lidón-Moyano, autora principal del estudio, ha explicado que «la exposición al humo residual del tabaco, que contiene más de 250 productos químicos, podría ser un riesgo para la salud comparable a la exposición al humo de segunda mano, que ha sido calificado como cancerígeno de tipo I por la agencia internacional de investigación en cáncer».

Aunque consideran que se necesitan más estudios para determinar «los efectos perjudiciales para la salud» que puede suponer el humo residual del tabaco, Martínez-Sánchez, investigador principal del estudio, ha destacado que el riesgo de este humo «es mayor especialmente para los niños pequeños debido a comportamientos específicos, como por ejemplo gatear o llevarse objetos a la boca, y para los animales».

Martínez-Sánchez, que lidera y coordina el grupo de investigación sobre Determinantes de Salud y Políticas Sanitarias en UIC Barcelona, al que también pertenece la investigadora Cristina Lidón-Moyano, ha destacado la importancia de este estudio, ya que hasta el momento la mayoría de trabajos de investigación «se han centrado en los componentes y concentraciones que persisten en las superficies después de haber fumado, pero hay muy poca literatura que utilice biomarcadores para cuantificar objetivamente la exposición al humo residual del tabaco en individuos».

Ante los resultados del estudio, los investigadores han reclamado que las administraciones lleven a cabo campañas informativas sobre el riesgo del humo residual del tabaco, especialmente en niños, que incluyan «recomendaciones para reducir en la medida de lo posible este tipo de exposición».

El epidemiólogo ha insistido en que, en primer lugar, habría que ayudar a los fumadores a dejar de fumar «para reducir el consumo y la exposición pasiva al tabaco de segunda y al humo residual».

En su opinión, también habría que concienciar a los fumadores para que «aumenten las medidas de higiene de manos y boca, especialmente si están contacto con menores de tres años» y fomentar «hogares libres de humo». «Si se fuma en casa se debería aumentar la limpieza del hogar para evitar la exposición entre los menores», ha concluido.

Fuente: Info salud

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