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El motivo psicológico detrás de la ‘adicción’ a las relaciones tóxicas

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El motivo psicológico detrás de la 'adicción' a las relaciones tóxicas / PEXELS

NOTICIAS: 26.11.2021

Se dice que la ludopatía, las redes, las drogas y el alcoholismo son las principales adicciones del S.XXI.

 

Grietas de la sociedad entre las que se cuelan complejos, problemas de salud, ansiedad y dependencias poco o nada sanas. Y hablando de dependencias y adicciones, podríamos añadir otra variante a esta clasificación, una modalidad que se ha popularizado en los últimos años: las llamadas relaciones tóxicas. Se trata de relaciones destructivas en la que una o ambas partes se causan daño o malestar y tienen comportamientos desequilibrados y, en ocasiones, pasionales y extremos.

Lo peor de las relaciones tóxicas es que, en muchas ocasiones, la persona que está inmersa en esa relación no es consciente de que está viviendo abusos por parte de su pareja. Además, resulta complejo salir de ellas debido al componente de dependencia emocional las suelen acompañar. De hecho, es muy común que las personas que viven una relación tóxica, vuelvan a caer en otra. Su autoestima queda muy afectada y eso les hace todavía más vulnerables para caer en otra relación de este tipo y les induce a buscar los mismos patrones en otras personas. Pero,¿qué dice la psicología acerca de esta especie de ‘adicción’ al mal amor? Te lo contamos.

Mecanismos cerebrales aprendidos
Hay un mecanismo cerebral que explica muy bien el motivo por el cual algunas personas se vuelven adictas a las relaciones tóxicas: es conocido como el sistema de recompensa del cerebro. Este mecanismo es el encargado de mediar la sensación de placer en el organismo y se activa frente a estímulos o acciones que generan placer en el individuo. La dependencia emocional funcional igual que un mecanismo de recompensa, en el momento que yo siento una recompensa con una persona, que en algún momento me trató bien o me hizo sentir querido, me voy a enganchar a esa sensación.

Las personas con dependencia emocional tratan de suplir carencias afectivas (puede que del pasado) y pretenden que el otro les de lo que ellos mismos no son capaces de darse. Esta sensación les lleva a mendigar cariño y es cuando pueden empezar los desencuentros amorosos y fallidos.

En este sentido, esa búsqueda también puede corresponderse con otro mecanismo aprendido, la memoria procedimental. Este tipo de memoria es aquella que almacena la información relacionada con procedimientos y/o estrategias que nos permiten interactuar con el medio ambiente. Se trata de un sistema de ejecución en el que se encuentran las habilidades motoras que hemos aprendido. Por ejemplo, escribir, conducir, montar en bicicleta…; En el caso de las relaciones tóxicas, aplicando esta teoría, llega un momento en el que la búsqueda constante de esos patrones y sensaciones se instala en el cerebro y no sabe actuar de otra manera. Suecede también que la propia persona no sabe gestionar sus emociones o su comportamiento fuera de los corsés tóxicos.

Por último, y de manera muy recurrente, existen componentes de baja autoestima e infancia. El primero, puede ser resultado de otra relación tóxica en cualquier plano: amistad, trabajo, familia, una ex pareja…; Las personas que suelen vivir este tipo de relaciones, experimentan un grado de maltrato psicológico que hace que su autoestima se resienta y queden vulnerables.

Así, en un doble factor en el que se vuelve a buscar esta sensación, se recae con personas del mismo perfil tóxico. Este comportamiento también está muy ligado a la idea de ”la culpa”. Cuando una persona se encuentra con un momento de baja autoestima, es común que tienda a pensar que todo es su culpa y que merece lo malo. En este punto, se juntan con personas tóxicas porque creen no merecer más y se sienten más cómodas en ese terreno.

En el segundo caso, la infancia resulta la base de las emociones. Nuestra propia personalidad se teje durante los primeros años de vida y nos marca profundamente en nuestra manera de afrontar el futuro. Si nuestros padres nos exigen mucho durante la infancia, existe algún tipo de maltrato o alguno de los progenitores ha desatendido a sus hijos, muy probablemente el vástago experimente el ”trauma de apego”. Sobre todo en su vertiente ansiosa.

En estos casos,se desarrolla una hipersensibilidad al rechazo y se intenta llamar la atención de los demás a toda costa. Al igual que buscar el amor al mismo precio, es decir, a cualquiera. Y con ello se tiende a la misma idea de conformidad con tal de sentirse querido.

Asimismo, es común dentro de estos casos que la preferencia sea alguien con un perfil parecido a la persona que genera el trauma origen. Es decir, a los padres que han ejercido esta actitud negligente. Si es exigente, autoritario, agresivo, evasivo o poco cariñoso, la persona afectada buscará un símil en sus relaciones. Esto, además, podemos hibridarlo con el hecho de que cualquier muestra de cariño es suficiente y alentadora, el mecanismo de recompensa que ya hemos mencionado.

Grietas de la sociedad entre las que se cuelan complejos, problemas de salud, ansiedad y dependencias poco o nada sanas. Y hablando de dependencias y adicciones, podríamos añadir otra variante a esta clasificación, una modalidad que se ha popularizado en los últimos años: las llamadas relaciones tóxicas.  Se trata de relaciones destructivas en la que una o ambas partes se causan daño o malestar y tienen comportamientos desequilibrados y, en ocasiones, pasionales y extremos.

Lo peor de las relaciones tóxicas es que, en muchas ocasiones, la persona que está inmersa en esa relación no es consciente de que está viviendo abusos por parte de su pareja. Además, resulta complejo salir de ellas debido al componente de dependencia emocional las suelen acompañar. De hecho, es muy común que las personas que viven una relación tóxica, vuelvan a caer en otra. Su autoestima queda muy afectada y eso les hace todavía más vulnerables para caer en otra relación de este tipo y les induce a buscar los mismos patrones en otras personas. Pero,¿qué dice la psicología acerca de esta especie de ‘adicción’ al mal amor? Te lo contamos.

Mecanismos cerebrales aprendidos

Hay un mecanismo cerebral que explica muy bien el motivo por el cual algunas personas se vuelven adictas a las relaciones tóxicas: es conocido como el sistema de recompensa del cerebro. Este mecanismo es el encargado de mediar la sensación de placer en el organismo y se activa frente a estímulos o acciones que generan placer en el individuo. La dependencia emocional funcional igual que un mecanismo de recompensa, en el momento que yo siento una recompensa con una persona, que en algún momento me trató bien o me hizo sentir querido, me voy a enganchar a esa sensación.

Las personas con dependencia emocional tratan de suplir carencias afectivas (puede que del pasado) y pretenden que el otro les de lo que ellos mismos no son capaces de darse. Esta sensación les lleva a mendigar cariño y es cuando pueden empezar los desencuentros amorosos y fallidos.

En este sentido, esa búsqueda también puede corresponderse con otro mecanismo aprendido, la memoria procedimental. Este tipo de memoria es aquella que almacena la información relacionada con procedimientos y/o estrategias que nos permiten interactuar con el medio ambiente. Se trata de un sistema de ejecución en el que se encuentran las habilidades motoras que hemos aprendido. Por ejemplo, escribir, conducir, montar en bicicleta…; En el caso de las relaciones tóxicas, aplicando esta teoría, llega un momento en el que la búsqueda constante de esos patrones y sensaciones se instala en el cerebro y no sabe actuar de otra manera. Suecede también que la propia persona no sabe gestionar sus emociones o su comportamiento fuera de los corsés tóxicos.

Por último, y de manera muy recurrente, existen componentes de baja autoestima e infancia. El primero, puede ser resultado de otra relación tóxica en cualquier plano: amistad, trabajo, familia, una ex pareja…; Las personas que suelen vivir este tipo de relaciones, experimentan un grado de maltrato psicológico que hace que su autoestima se resienta y queden vulnerables.

Así, en un doble factor en el que se vuelve a buscar esta sensación, se recae con personas del mismo perfil tóxico. Este comportamiento también está muy ligado a la idea de ”la culpa”. Cuando una persona se encuentra con un momento de baja autoestima, es común que tienda a pensar que todo es su culpa y que merece lo malo. En este punto, se juntan con personas tóxicas porque creen no merecer más  y se sienten más cómodas en ese terreno.

En el segundo caso, la infancia resulta la base de las emociones. Nuestra propia personalidad se teje durante los primeros años de vida y nos marca profundamente en nuestra manera de afrontar el futuro. Si nuestros padres nos exigen mucho durante la infancia, existe algún tipo de maltrato o alguno de los progenitores ha desatendido a sus hijos, muy probablemente el vástago experimente el ”trauma de apego”. Sobre todo en su vertiente ansiosa.

En estos casos,se desarrolla una hipersensibilidad al rechazo y se intenta llamar la atención de los demás a toda costa. Al igual que buscar el amor al mismo precio, es decir, a cualquiera. Y con ello se tiende a la misma idea de conformidad con tal de sentirse querido.

Asimismo, es común dentro de estos casos que la preferencia sea alguien con un perfil parecido a la persona que genera el trauma origen. Es decir, a los padres que han ejercido esta actitud negligente. Si es exigente, autoritario, agresivo, evasivo o poco cariñoso, la persona afectada buscará un símil en sus relaciones. Esto, además, podemos hibridarlo con el hecho de que cualquier muestra de cariño es suficiente y alentadora, el mecanismo de recompensa que ya hemos mencionado.

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