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“El problema de las drogas es de salud poblacional, no individual y debe ser abordado como una pandemia, como el covid”

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NOTICIAS: 1.5.2021

Mireia Pascual

Mariano Montenegro (*) es el actual director del Plan Colombo de América Latina y el Caribe y consultor externo de la UNODC. Montenegro hace un repaso a la situación mundial del consumo de drogas y focaliza en la complicada problemática de América Latina como foco productor de sustancias. Pone el foco en la discriminación hacia la salud mental y dentro de esta, concretamente las adicciones. Puntualiza la necesidad de elaborar planes estratégicos basados en la evidencia científica, con un apoyo de financiación y una implementación efectiva como vía para atajar el problema de consumo de drogas.

Pregunta. Su amplia trayectoria profesional a nivel internacional le permite poder hacer una valoración de la situación a nivel mundial. ¿Cómo está la situación de las adicciones en el mundo?

Respuesta. Todo esto es muy variable dependiendo de los países. Habría una clasificación: Primero los países que tenían estrategia, sí las tenían financiadas y las habían implementado. Estas en general, tenían bueno resultados. Algunos consumos se estabilizaron y varios de ellos los bajaron. Estos serían los países escandinavos principalmente. Después tenemos un grupo de países que escribieron las estrategias, pero las pseudofinanciaron o no las financiaron e implementaron muy parcialmente todo lo que escribieron. En general no tuvo un impacto importante. Y, después tenemos otro grupo de países que no escribieron estrategias y por lo tanto, casi no financiaron y casi no implementaron o implementaron cosas sin un marco lógico. Los efectos también fueron escasos o nulos.

¿Cuál sería entonces la conclusión?

La moraleja es que hay que escribir una estrategia en base a la evidencia, hay que financiarla e implementarla y focalizar la implementación en los territorios. Se deben hacer estrategias basadas en la evidencia, inspiradas en salud pública, respetando los derechos humanos, con enfoque de género e incluyendo a niños, niñas y adolescentes también y con enfoque territorial.

Focalizando en Chile, donde usted ha sido director de SENDA (el equivalente al Plan Nacional sobre Drogas español), ¿Cuál es la situación nacional de forma resumida? ¿Cuáles son los mayores problemas que enfrenta el país en cuanto a consumos o adicciones sin sustancia?

Chile es el país con mayor consumo de drogas en los adolescentes. Menos el alcohol, todas las sustancias son más consumidas por adolescentes que por adultos. Los adolescentes se nos han escapado de las manos y se han trasformado en un target absolutamente de urgencia en actuar. Chile tiene uno de los consumos más altos de América Latina en marihuana, cocaína, pasta base, en fármacos benzodiacepínicos sin prescripción médica y ahora tenemos una irrupción del éxtasis y metanfetaminas. La mayor problemática la tenemos en alcohol, tabaco y cannabis. El consumo es más o menos parejo en todos los sectores sociales, pero el consumo problemático se da sobre todo en poblaciones de alta vulnerabilidad. Pero además tenemos productores de drogas limítrofes: Bolivia y Perú con cocaína y tenemos Paraguay con marihuana y Colombia bastante cerca. Esto hace que tengamos precios muy accesibles y muchas rutas.

¿Se toman medidas?

Yo creo que se han tomado buenas medidas. Estábamos en 34% de consumo de marihuana en escolares. En el último estudio ya se bajó a 26%. Son porcentajes gigantescos, son los más grandes de América Latina, solo nos supera EEUU y Canadá. Hemos doblado la curva. Lo que hicimos inmediatamente fue meternos en los estudios cualitativos. Fuimos a ver por qué no consumen marihuana (un 70%) los que no consumen para ver cuáles eran los factores protectores. Y también potenciamos el trabajo territorial en los municipios con el enfoque de niño, niña, adolescente y actividades parentales fuertes. Hay que poner el foco en el inicio en la adolescencia, porque la probabilidad de ser adicto en la edad adulta es mucho más alta. El mercado necesita que la gente se inicie en el consumo en la adolescencia. Hacia final de mi legislatura en 2017 trajimos el modelo islandés de prevención a Chile.

¿Qué detectaron al analizar a los no consumidores?

Fue un estudio precioso. Lo primero que nos vimos es la necesidad de la gran cercanía a la familia. Vimos que los no consumidores suelen tener familias que no aprueban el consumo, son familias firmes y cercanas, cariñosas y accesibles. También estar rodeado de un grupo de pares sin consumo es muy protector. Hacer deporte en general ejerce también de factor de protección. Además, tener un sentido de futuro, con los estudios o de qué se va a hacer. Estudiamos los factores de riesgo y de protección en distintas comunas de Chile antes y después de implementar el modelo islandés de prevención, pero también con la pandemia y sus restricciones. En 2019 el consumo era de 28% y en 2020 bajó a 18%. Ambos modelos van en la misma línea: prevención ambiental y mucha vida en familia.

¿Es esta situación extrapolable a la problemática encontrada en América Latina?

Más o menos. Sí y no. Chile tiene particularidades que lo diferencian. Es el país más rico de los pobres, es un país que tiene frontera con productores, tiene gobernanza, tiene estudios serios de hace veinte años que nos dan información. Aquí en Amércia Latina es donde se está dando la gran batalla de mercado versus salud pública. Estamos en el un lugar donde se producen muchas drogas. Además, tenemos una población adolescente muy grande, somos un continente muy joven comparado con Europa principalmente. En muchos países tenemos comisiones de drogas muy débiles, con poco presupuesto y poco poder de gobernanza. Y esto es muy grave porque es donde está la droga como negocio. Deberíamos tener comisiones de drogas muy sólidas y financiadas y mucha decisión política para defender la salud pública y para enfrentar el gran negocio.

¿Hay suficiente prevención y es esta efectiva en los distintos países de América Latina? ¿Qué fortalezas y debilidades hay en esta área?

Es insuficiente y está muy débil. Estamos entrenando a los países para que se familiaricen con los estándares internacionales de prevención y tratamiento. Nos hemos encontrado que los países tienen muy poco conocimiento en este campo, por lo tanto, en muy pocos países han hecho prevención basada en la evidencia. Muchos países han hecho muchas cosas que no sirven y pocas cosas que sirven. Estamos incentivando la prevención ambiental, que es un poco en lo que se basa el modelo islandés. Programas bien hechos para la escuela, para la familia, para los trabajos, para los medios de comunicación, para la prevención ambiental, etc. El diagnóstico es pobre, se requiere crecer mucho todavía en prevención.

¿Llega la población latinoamericana a tratamiento?

Sí, está desesperada por tratarse. Pocos países tienen estudiados la cantidad de consumidores problemáticos a los que deben llegar, ósea, saber cuál es el ‘target’. Estamos elaborando un borrador de los sistemas internacionales de tratamiento y los estándares internacionales de aseguramiento de la calidad del tratamiento. El estudio aproximado de Naciones Unidas nos dice más o menos, que de cada diez personas, seis en el mundo tienen tratamiento pero en América Latina es menor y en África todavía menos. La ciudadanía siente que no hay políticas eficaces de drogas porque los adictos rebotan en el sistema. Los servicios de salud pública han omitido a las adicciones. Han sido las organizaciones de la sociedad civil las que se han organizado para ofertar, pero esa oferta, en promedio, es de muy mala calidad porque no se han seguido protocolos y no viene del sector público ni de la ciencia.

¿Por qué algunos no acceden? ¿Está esta cuestión relacionada con el estigma?

Por supuesto. Primero el estigma en la salud mental es enorme y dentro de este, está también el estigma en adicciones. No quiere decir que los adictos son delincuentes, pero hay un porcentaje de las personas que consumen drogas que se meten en delitos, mucho más que un depresivo o un diabético, etc. Cargar con el estigma significa: barreras.  Barreras para decidir tener una oferta, para progresar en la calidad de la oferta, presupuestarias, de decisión política, etc. Eso hace que se estanquen los progresos. Políticos, residentes, gobernadores, legislativos rechazan esta población. La rechazan hasta que su sobrino, su hijo o su nieto tiene problemas. Esta es la mejor manera de conseguir algo, que el problema esté dentro de las casas de los tomadores de decisiones.

¿Dónde cree usted que se encuentran los retos más inmediatos que afrontar?

El reto, como decía al inicio de la entrevista, es hacer buenas estrategias en base a la evidencia científica entendiendo que es un problema de salud poblacional. El problema es de salud poblacional, no individual y debe ser abordado como una pandemia, como el covid. No solo para que haya respiradores y espacios en la UCI, sino que debe haber este testeo, trazabilidad, detección precoz, prevenir que la gente se contagie, etc. Todas esas cosas que se están haciendo con covid, hay que hacerlo con las drogas, utilizar la misma lógica.

El gran desafío es que se financien. Una vez financiado, es generar una lógica de gestión, la implementación de la prevención, del tratamiento y la integración social de una manera correcta, basado en la evidencia, pero con una capacidad de gestión. . La otra cosa fundamental es tener fortalecimiento institucional. Las comisiones de drogas deben ser más fuertes, son demasiado débiles. Eso implica implicación política y financiamiento para que se puedan implementar. Y otro de los grandes desafíos es la buena implementación y esto debe ser en base a sistemas preventivos territoriales con programas preventivos basados en la evidencia a nivel familiar, escolar, a nivel del trabajo, de la comunidad, a nivel de los medios de comunicación y a nivel ambiental. Y hacer prevención focalizada en distintos ámbitos y a distintas edades. Nunca es tarde pero cuanto antes mejor.

¿Qué carencias encuentra en esta zona extensa del mundo? ¿Puede el trabajo mundial en red contribuir a enriquecer el bienestar y los derechos humanos de las personas con adicción?

Absolutamente. Gobernanza, corrupción y violencia son un problema muy grave en nuestro territorio. Somos el continente más violento del planeta sin guerra. Ese es un telón de fondo complejo. Luego, presupuesto. Pero como no hay decisión política, queda sin presupuesto. Se necesita un fortalecimiento institucional y trabajar en base a la evidencia científica. Creo que absolutamente hay que trabajar en red, es un problema mundial el de las drogas. La amenaza más fuerte está en América Latina porque es donde está el negocio que puede arrasar con la salud pública y nuestro capital social. Hay que hacerlo todo desde la evidencia científica, sin ideología, sin fanatismos y sin mitologías. Y tratar a las personas con adicción desde los derechos humanos y a la adicción como cualquier otra enfermedad, ni más ni menos.

 

Mariano Montenegro Corona es actual entrenador y consultor externo en la Oficina de Crimen y Drogas para Naciones Unidas en Viena (UNODC) y director del Plan Colombo en la sección de América Latina y el Caribe. Es también expresidente del Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol SENDA de Chile, institución con la que sigue colaborando para la implementación del programa de prevención islandés. Montenegro también ha participado como consultor y experto en iniciativas de organizaciones internacionales en cuestiones como tratamiento, prevención y reinserción.

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