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«En las adicciones sin sustancia es más difícil ver que hay un problema» Alfonso Vázquez Atochero antropólogo y profesor de la UEX

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NOTICIAS: 19-09-2021

La Universidad de Extremadura ofrecerá en Badajoz un curso sobre adicciones emergentes ante el aumento de estos casos relacionados con el juego y la tecnología

 

Familias que se quedan sin dinero la primera semana del mes porque uno de los progenitores lo pierde apostando, jóvenes que venden sus ordenadores para costear sus pérdidas y horas y horas ante las pantallas. En las terapias ya no solo se lucha contra la adicción a la cocaína o la heroína. Las llamadas adicciones sin sustancia, aunque es más correcto comportamentales, pueden ser una nueva pandemia.

Así lo cree Alfonso Vázquez Atochero, antropólogo, profesor ayudante y uno de los promotores de un curso de verano en la Universidad de Extremadura titulado ‘Adicciones emergentes: apuestas y tecnofilias’. Durante varias jornadas los estudiantes contarán con psicólogos, sociólogos y también con empresarios del juego para hablar de este fenómeno. El curso será del 29 de septiembre al 1 de octubre.

–¿Qué pretende lograr un curso sobre adicciones emergentes?

–Pretendemos visibilizar el problema. Es algo que está ahí. No abogamos por que desaparezca. Sabemos que es un fenómeno (el juego) que es una parte importe del PIB (Producto Interior Bruto). Hablamos de una cifra cercana al 8%. Es mucho dinero y son muchos puestos de trabajo.

–Está el juego como adicción sin sustancia, pero no es la única.

–No. Cuando hablamos de adicciones emergentes nos referimos a las tecnológicas. No sólo el móvil. Hay otras que cuesta más de localizar como la ropa inteligente, los relojes de actividad…

–¿Todo puede crear adicción?

–Todo puede crear dependencia. Por naturaleza somos adictivos. Tenemos que buscar siempre un estímulo o un comportamiento que perpetúe la adicción. A veces es bueno, el propio deporte genera que hagas más deporte. Biológicamente estamos programados para tener una conducta adictiva, a veces te da salud, a veces te arruina. Los límites son muy frágiles. Lo que me incita a hacer deporte y vida sana, en otras personas le lleva a apostar cada vez más.

–¿Por qué se ha extendido tanto el juego?

–Tenemos a jugadores de fútbol o actores que apuestan y lo normalizan. Si ellos lo hacen, yo lo hago y una vez que entras, es difícil salir. Para salir tienes que reconocer que tienes un problema. Cuando hay sustancias, es obvio que tienes un problema. Para de beber, para de fumar. Pero cuando gastas demasiado, cuando estás gastando tu sueldo en los dos primeros días tras recibirlo, quizá la alerta puede ir a tu familia, pero muchas veces se genera ese vórtice que te va absorbiendo y provoca ruina.

–¿Se da en todas las edades?

–Sí, en el caso de los adolescentes está relacionado con las pantallas. Y a veces su familias tardan en verlo porque son capaces hasta de vender cosas. A un chaval le regalan un portátil cuando se va a la universidad, lo vende porque está apostando y se dan cuenta en Navidad cuando dicen: ¿Qué has hecho este trimestre? Está apostando.

–¿Se encuentran muchos casos de esos? ¿Va en aumento?

–Sí, crece. En los últimos años ha aumentado el uso de las nuevas tecnologías y está relacionado.

–¿Por la pandemia?

–A parte del curso de verano, estamos haciendo un estudio entre el Consejo de la Juventud y la Universidad. Trabajamos con adolescentes para ver si la pandemia, si el hecho de estar más tiempo delante de un dispositivo, les ha afectado. En las salas de juego puedes controlar el horario o la ubicación, pero en las pantallas no ¿Cómo luchas con eso? Es complicado.

–En unos años, ¿Podemos tener un problema con las adicciones comportamentales similar al de las sustancias?

–Sí, de hecho, se habla de que es la heroína del siglo XXI.

–¿Puede llegar a ser tan grave?

–Sí. Podemos llegar a tener un problema muy grave si como sociedad no somos capaces de regular esos canales.

–¿Tendremos que tener recursos y terapias?

–Sí. Hay asociaciones o psicólogos que están trabajando con los jóvenes. En ocho de cada diez casos se trata de chicos, es un problema mayoritariamente masculino. Esas caras visibles que normalizan el juego son deportistas e influyen más en los chicos.

–¿Se trata igual una adicción de este tipo que de sustancias?

–El tratamiento de las adicciones es parecido. El chip fisiológico que te impulsa es el mismo. El tratamiento es alejarse de la fuente de peligro y cambiar el hábito. Es el entorno el que te lleva a consumir, en este caso consumir un comportamiento. Es difícil. Si vuelves al entorno que te incitó a jugar, volverás a sentir el impulso de hacerlo.

–¿Qué se puede hacer para que no se convierta en un problema tan grave como la heroína?

–Hay que saber que es un problema. Por ejemplo, en el curso va a venir la Confederación Nacional del Juego porque sería injusto que no tuvieran su hueco. Ellos lo defienden como un modelo de ocio diferente. Tenemos que entender que es un ocio siempre y cuando seamos conscientes del dinero que perdemos. Voy a jugar con 10 euros, y no sigo. Si no eres conscientes de que gastas más de lo que tienes es un peligro.

–¿Y las pantallas?

–El problema en ese caso es complicado. China, por ejemplo, ha limitado las horas de acceso, pero ¿En qué momento estás cuidando la salud de los adolescentes o minando su libertad? Creo que debe ser algo que se hable en familia. Los adultos abusan del móvil, el uso medio es de 5 horas al día. Está tan naturalizado como el alcohol. Las nuevas tecnologías nos dan muchos recursos, pero si no sabemos controlarlas, son nuestras perdición.

–¿Hay interés académico en las adicciones emergentes?

–Empezamos ofertando una línea de trabajos de fin de carrera. La mayor parte de las estudiantes de Trabajo Social son mujeres y están interesadas. Al mismo tiempo colaboramos con Atabal (Asociación para la Atención y Tratamiento de Dependencias) en un libro sobre adicciones emergentes. También hemos dado cursos a los policías, en la Academia de Seguridad.

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