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La perversa “buena” fama del porro: 70 jóvenes zamoranos adictos a la marihuana

Un joven lía un porro N. R.
02/09/2020 NOTICIAS
70 menores y jóvenes de entre 11 y 21 años siguen desde enero un programa en Cáritas para dejar la marihuana, que llega a causar graves trastornos psiquiátricos

Pasarse la “vela” en grupo, aunque siempre cayera más de una, forma parte de otras épocas. A los rigores que se imponen en estos tiempos de COVID, prohibido compartir, se suma el avance de otros modos de consumo del cannabis. Lo que ahora es rompedor es darse “un atracón de porros”, fumar hasta perder la capacidad de raciocinio, como con el alcohol. Y la incorporación al consumo de cannabis es cada vez a edad más temprana, al igual que sucede con el alcohol. Hay niños de 11 años que fuman porros, adolescentes de 15, 16 o 17 que lo hacen de forma habitual.

Desde enero, 70 menores y jóvenes con edades situadas en la horquilla de 11 a 21 años siguen una terapia de deshabituación del consumo de todo tipo de drogas en el programa Fénix de Cáritas. Aún no han llegado a la adicción, se encuentran en las fases previas de inicio o abuso de esta sustancia. Esa cifra es significativa si se tiene en cuenta que se trata de quienes se pusieron en manos de expertos solo entre enero a agosto pasado. En 2019, entraron 93 en Fénix, lo que constata que el uso de esta droga se está generalizando entre la población a temprana edad.

Detrás de esa curva ascendente, está la buena fama del porro, la droga estrella para ellos. ¿Quién no se ha fumado un “peta” en su vida?, suele decirse. Esa permisividad responde a esa “cultura que tiene una visión no perniciosa del cultivo de marihuana, y hasta terapéutica”, afirma la psicóloga experta en adicciones y coordinadora del CAD, de Centros y Programas de Cáritas, Chus Sánchez. La creencia de que fumar un “porro”, un “peta”, una “vela”, un “cacharro” o un “canuto” es prácticamente inocuo es caer en un gravísimo error, las consecuencias del consumo habitual “son muy desastrosas”, advierte la experta.

El gasto de entre 5 y 10 euros cada día indica que el «tonteo» con la droga ya es abuso

Ese hábito puede llegar a ser “muy grave” para la salud del consumidor habitual, agrega la experta de Cáritas. Y no es tan difícil pasar del “tonteo” de cuando se está en el inicio y se fuma el fin de semana y en grupo. La tolerancia va creciendo y se pasa pronto al abuso, es decir, al consumo diario del canuto. El gasto se sitúa entonces entre los cinco y diez euros al día para poder mantener el nivel de consumo que necesitan, esto puede conducir al robo para poder comprarse la droga sin tener que pedir dinero a los padres.

Aparecen ya los “cambios en las conductas, en el carácter, el distanciamiento de los padres, se vuelven menos comunicativos con ellos, se aíslan del entorno más próximo”, abunda Sánchez. “El referente de las figuras sociales pasa a ser el grupo, que siempre lidera alguien”. Suele haber un cambio de amigos. Ya algo no marcha del todo bien, y los progenitores deben estar atentos para detectar esa incursión de su hijo en las drogas, algo complicado porque “son edades muy complejas a nivel emocional para los menores”. Chus Sánchez vuelve sobre el peligro de banalizar el cannabis y sus efectos, los usuarios “nos llegan convencidos de que fumar porros es lo mejor que hay, incluso que es terapéutico”. La raya roja se puede pasar sin apenas darse cuenta, como con cualquier otra droga, “cannabis puede desatar enfermedades psiquiátricas” que el individuo tiene latentes y que no tienen por qué manifestarse si se lleva una vida sana. Sin embargo, el consumo de drogas, también de las blandas como los porros, pueden provocar brotes psicosis, desatar esquizofrenias. Lo mismo que el alcohol.

El abuso de los «petas» desata esquizofrenias o psicosis que la vida sana evitan

Los chavales, llegan siempre al proceso terapéutico, a manos de las psicólogas, “de forma involuntaria”. Por lo general, sus padres se enteran de que su hijo fuma “cuando llegan las sanciones de la Subdelegación del Gobierno” porque la Policía Nacional les ha pillado fumando en la calle, práctica ilegal. Casi siempre, hay una historia de fracaso escolar, de “dejar pasar la vida sin hacer nada”, en un estado de aletargamiento. Y de los padres parte la iniciativa de que entren en le Fénix de Cáritas. Los chicos y las chicas “llegan pasivos, no responden a ningún estímulo, ni laboral, ni escolar”. La toma habitual de cannabis es la puerta para drogas aún más letales, las duras: heroína, cocaína o las sintéticas de menor coste, el speed o el MDMA (éxtasis o cristal), muy adictivas.

FASES

El coqueteo temprano. Los primeros “petas” pueden caer con solo 10 años, un tonteo que se inicia en grupo y puede terminar en el consumo diario y pasar al abuso, antesala de la adicción caracterizada por una dependencia grave y un síndrome de abstinencia.

Cultivo en pisos. La normalización del consumo de marihuana entre los menores lleva, muchas veces, al cultivo de la planta en pisos de alquiler o en naves y, de forma más discreta, en una “maceta de casa o la finca del abuelo”, explica la psicóloga del CAP.

El “atracón”. El pernicioso “juego” del denominado “atracón de porros” se ha convertido en una práctica más común de lo que parece entre los adolescentes y jóvenes de más temprana edad: fumar “velas” hasta perder la capacidad de razonar.

Fuente: La Opinión de Zaragoza

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