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Lande Ruiz, adicto al juego en rehabilitación: «Llegas a pensar en robar y en delinquir para jugar»

Lande Ruiz posa en el interior de la sede de la Asociación Amalajer. I. V.

NOTICIAS: 20.11.2021

La Asociación Amalajer trata cada año en Málaga a 400 personas con una seria adicción patológica a los juegos de azar, conocida como ludopatía.

 

MALAGA. Lande Ruiz Fernández jugó por primera vez a la ruleta con 18 años recién cumplidos. El joven, natural de Almáchar, quería celebrar la mayoría de edad y decidió ir al Casino Torrequebrada de Benalmádena en compañía de su grupo de amigos. Ruiz sabía del lugar por un conocido que se dedicaba a apostar al póker. Sus compadres y él simplemente se echaron unas risas. Esta vez no pasó de ahí.

Sin embargo, tiempo después volvió a jugar. Este vecino de Málaga capital asumió las apuestas deportivas con amigos como una afición y se acostumbró a ir solo a los salones de juego. «Hay gente que se lo toma como un hobby sin saber hasta dónde puede llegar eso. Yo he jugado a todo: apuestas deportivas, carrera de caballos, juego online», se lamenta. El juego casi destroza su vida y lo aleja de sus seres queridos, además de llegar a tener una deuda de 50.000 euros.

Lande es una de las 400 personas con una seria adicción patológica a los juegos de azar, conocida como ludopatía, que cada año trata la Asociación Amalajer. Esta asociación malagueña, que se autofinancia gracias a las cuotas de sus socios, presta un servicio fundamental a la comunidad en su sede en Avenida del Obispo Ángel Herrera Oria: ofrece tratamiento de dos años a estas personas y sus allegados a través de terapias de grupo y psicólogos.

Otra imagen del joven malagueño.

Otra imagen del joven malagueño. I. V.

La filosofía de la Asociación Malagueña de Jugadores de Azar en Rehabilitación se asienta en tres pilares fundamentales: serenidad para aceptar las cosas que no podemos cambiar, valor para cambiar las que podemos y sabiduría para poder distinguir la diferencia. Uno lo puede ver escrito en un bordado, que cuelga de una de las paredes del edificio lleno de carteles contra las casas de apuestas.

El joven malagueño, que lleva desde febrero en terapia, se presta a hablar con EL ESPAÑOL de Málaga una tarde en la sede. «Estoy más contento conmigo mismo y me siento más tranquilo. Mi familia y mi pareja están mejor. Cuando cuentas tu problema es un cambio radical. El juego es algo con lo que tenemos que convivir el resto de nuestras vidas«, reconoce.

-¿Le costó mucho acercarse a la asociación?

-Al principio me daba mucho miedo el qué dirán. Con el paso del tiempo comprendí que ese miedo es una excusa para no afrontar tu problema. Todo el mundo cuando viene aquí por primera vez tiene mucho miedo.

El exuniversitario con un trabajo estable visitó por primera vez la asociación hace ya cuatro años. «Vine para callar bocas a los que tenía alrededor. Mi novia y yo la buscamos en internet. Como no me creía nada que lo que tenía era una enfermedad, vine cinco meses e hice un papel«, admite. Después siguió apostando en salas de juego y su adicción fue de menos a más.

Un grupo de terapia en la asociación.

Un grupo de terapia en la asociación. I. V.

Cuando Lande fue a la asociación decidió autoprohibirse para que no le permitieran entrar a una casa de apuestas (se puede pedir a la administración rellenando papeleo u online). Aún así, el joven entraba. «Hay todo un negocio alrededor de esto. Entra gente menor y le venden alcohol. A veces no te piden el DNI. Hace dos años estaban entrando a casas de apuestas falsificando mi carné de identidad. O daba uno falso y no me lo pedían físicamente«, asegura.

También engañaba a su novia. «Me tiraba tres días sin aparecer por casa y dejaba el móvil apagado. A veces apostaba mucho dinero. Un día tenía 6.000 euros en la cuenta del banco y al siguiente nada. Ella se olía algo», relata. Cuando llegó el confinamiento descubrió el mundo de las apuestas online, una selva para los adictos al juego, y le hizo «mucho daño».

«Podía entrar en internet y gastarme 3.000 euros en milésimas de segundo. Suena duro. Puedes incluso llegar a pensar en robar, en pedir dinero y en delinquir para jugar. Esto es como la droga. No deja de ser una adicción como el tabaco, la droga, el alcohol. Te alegras mucho cuando ganas, pero no estás ganando nada porque pierdes al minuto. Puedo recordar muy poco las veces que gané», se lamenta.

Este malagueño volvió por segunda vez a la Asociación Amalajer en febrero de 2021 con deudas morales y económicas, y la vida «totalmente destrozada». «Con una situación muy mala a nivel de dinero y con mi familia y mis amigos fatal. La relación con mi pareja casi acaba. Yo estaba mal y sin saber que hacer», se sincera este chico con trabajo estable y una nómina «apañada».

Su tablón de anuncios con una camiseta colgada en contra de las casas de apuestas.

Su tablón de anuncios con una camiseta colgada en contra de las casas de apuestas. I. V.

Sin casa y a punto de suicidarse

«A mí me pillaron sacando un préstamo de 20.00 euros. He llegado a tener una deuda de 50.000. Hoy día te dan dinero muy fácil», advierte. Este joven en tratamiento ha podido pedir ayuda; otros no tienen la misma suerte. «Hay gente que lo está pasando muy mal. He tenido compañeros que han intentado suicidarse por el juego y a día de hoy siguen vivos. Otros han perdido su casa«, lamenta.

-¿Qué le hizo perder el juego?

-Hoy el tema del dinero me da igual. El dinero viene y va. Y voy a pagar las consecuencias. Lo peor de todo: las deudas morales. Perder amigos, familiares y hasta casi la pareja. Puedes perder toda una vida y quedarte solo. Tengo la suerte de tener a una familia detrás. Estoy agradecido.

La Asociación Amalajer también les transmite una filosofía muy parecida a la del Cholo Simeone, esa de partido a partido, en cada reunión. «Sólo por hoy trataré de pasar el día sin esperar resolver el problema de toda mi vida en un momento», se lee en otro de los bordados que hay en la sede. Lande ahora siente que está cogiendo las riendas de su vida gracias a la asociación.

Allí ha aprendido de todo. Incluso le ha cambiado la vida por completo (ya sea el comportamiento, las actitudes). «Me siento tranquilo y sé lo que quiero. Cuando hago las cosas decido por mí. Cuando jugaba me dejaba llevar por mis sensaciones, mis impulsos y algunos amigos. Uno juega porque uno quiere. Es como cuando beben todos menos tú. No quiero compararlo, pero algo así», explica.

Los familiares y seres queridos cercanos también lo ven mejor porque aquel joven antes no decidía por sí mismo a causa de la adicción, ni exteriorizaba sus sentimientos. «El juego te hace perder todo, hasta tu propia vida. Hay mucha gente que no es consciente de todo esto. Y la sociedad tampoco», reprocha.

El malagueño de 28 años cree que el juego está «muy normalizado» en la sociedad española. «Desde pequeños nos animan a ello. A jugar, jugar, jugar. Hoy en día están también las plays, las maquinitas. Ahora mismo ya estamos en campaña de Navidad y han sacado el anuncio de Lotería tocándote el tema sentimental. Está muy normalizado que tengamos que jugar. Además, no se visibiliza esta enfermedad tanto como el cáncer», pone de ejemplo.

El suicidio se ha convertido en la primera causa de muerte no natural en España; y la adicción patológica a los juegos de azar, conocida como ludopatía, en la tercera causa cuando alguien se quita la vida. «Es problema que afecta sobre todo a gente joven. Sé de muchos que siguen jugando. Toda solución es poca. Imagínate que le puede ocurrir a un joven sin recursos y sin ayuda», hace hincapié.

Desde 2018 hasta ahora han cambiado poquitas cosas en materia legal. Gracias al decreto de Alberto Garzón, aprobado este año, la publicidad de juego solo podrá mostrarse en televisión, radio y plataformas como YouTube de una a cinco de la madrugada. «Igualmente se siguen viendo anuncios demasiado agresivos en otros horarios. Hay mucha gente joven que los ve. Que sigan limitando«, anima este exjugador que vive en una zona de Málaga con casas de apuestas, algunas a menos de 100 metros de colegios.

El proceso de rehabilitación es largo, dice, pero le va la vida en ello. Va dos veces en semana a terapia a la asociación y su acompañante una. Ellos también tienen terapia para que entiendan como están y cómo tienen que actuar frente a un problema de tal magnitud. Tras 40 minutos de charla, Lande se despide con un mensaje muy claro: «Están muy equivocados. Es una adicción bastante dura. Hay mucha gente que viene aquí muy mal. Da igual que seas joven, mayor o mujer. No dudes en venir».

 

 

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