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OPINION: Uso de pantallas con perspectiva de género: las violencias machistas digitales que se inscriben en los cuerpos.  Marta Cremades Gurrea y Ana Burgos García

OPINION: 15.01.2022

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Con la pandemia, la conexión con el mundo digital y las horas que pasamos delante de las pantallas ha aumentado considerablemente, tanto entre personas adultas como entre jóvenes.

Con este aumento del uso de lo digital, hemos podido ver un incremento del uso problemático de las pantallas, y como doble efecto, un incremento también en la prevalencia de las violencias digitales hacia mujeres como el ciberacoso sexista, el cibercontrol y el ciberacoso sexual.

Antes de nada, queremos hacer énfasis en que el ciberespacio no es la causa de la violenciasi no el mal uso que se ejerce de este espacio por parte de los agresores que violentan y cómplices que callan.

La pandemia ha forzado un trasvase de los espacios de socialización físicos a los digitales, y con ello, un trasvase también de los espacios donde se ejerce violencia.  Si bien es cierto que internet, a diferencia del mundo analógico, tiene ciertas particularidades que facilitan la irrupción de violencia como son: el anonimato, la exposición y permanencia de los contenidos y la inmediatez en el envío y acceso a la información, destacamos el elemento de “enganche” y emoción que supone internet cuando lo usamos para relacionarnos, buscando el like fácil, ese subidón que te produce saber que gustas, la inmediatez de la respuesta y la permanencia de ese logro social.

A estas alturas es innegable que la construcción de la masculinidad está basada en el uso de la violencia y que la demostración de esta contribuye a ganar “puntos” entre iguales. Una vez más, de igual modo que en el mundo analógico, internet expande la posibilidad de expresar esta identidad en otros ámbitos: redes sociales, foros, chats grupales… son espacios para ejercer, compartir y perpetuar violencia y ganar estatus.

Como cualquier entorno de relación y vínculo social, esperamos reacciones positivas por parte de nuestros iguales, a modo de reconocimiento social.

Esta construcción identitaria y el ejercicio y perpetuación de las violencias machistas en entornos digitales, tanto sexuales como de otros tipos, que se producen en internet, son reflejo de una estructura machista enraizada en la sociedad patriarcal que configura y modula la manera en cómo nos relacionamos dentro de los marcos de desigualdad y poder.

En análisis desde la perspectiva de género permite visibilizar que el ejercicio de ciberviolencia hacia las mujeres se produce como elemento sancionador y correctivo como respuesta a la práctica transgresora de los roles y mandatos de género femeninos impuestos a las mujeres por la sociedad heteropatriarcal, y a su vez, como refuerzo de la imagen y poder masculino, del mismo modo que ocurre en el mundo analógico, si atendemos a la tradicional división de los espacios en públicos y privados, entenderemos los espacios digitales como espacios públicos 2.0 “pertenecientes” a los hombres.

Y al contrario de lo que suele pensar mucha gente, la violencia sexual digital que ocurre en las redes sociales y en general, a través de las TIC, también es real y tiene un impacto sobre la vida de las personas de igual modo que en el mundo analógico: el miedo, el aislamiento, la inseguridad, el dolor, la culpa, etc., también se experimenta y se inscribe en el cuerpo y la subjetividad de quien la sufre. Tendemos a distinguir entre lo offline y lo online como una falsa dicotomía entre lo “real” y lo “virtual”, desvirtuando así el efecto de la violencia y tendiendo a culpabilizar a las víctimas de violencia, sobre todo cuando estas denuncian una situación de violencia de género o a un agresor, justificando así la violencia recibida. Comentarios como “por qué le enviaste la foto”, “tú eres la primera que te desnudas en las redes y después pasa lo que pasa”, “si no quieres sufrir violencia, no chatees con desconocidos” … ponen el foco en lo que nosotras hacemos o dejamos de hacer para prevenir o enfrentar la violencia, y no en los primeros responsables: los agresores.

La violencia digital machista no es posible sin el engranaje social que lo sostiene: por un lado, los agresores que toman, difunden o reenvían imágenes de contenido íntimo sin consentimiento, que agreden insultando, acosando y troleando en las redes; y, por otro lado, los cómplices, que siguen reenviando y contribuyendo a la potencial viralización estos contenidos o bien siguen callando, participando también así en la cadena de la violencia, fomentando la tolerancia y la naturalización de esta en la sociedad.

Para detener las cadenas de difusión y reproducción de la violencia es fundamental que los hombres sean (co)rresponsables en cortar con la violencia que ejercen o que les llega en formato imagen, retuit, vídeo…a través de la pantalla, y posicionarse activamente en contra de estas prácticas para romper con ese enganche al like fácil que tanto daño causa.

 

BIBLIOGRAFÍA

Graduada en Psicología, especializada en investigación social, estudios de género e igualdad en el ámbito de las políticas públicas y de la violencia machista. Actualmente, desempeña su trabajo como técnica de prevención en los ámbitos de género y drogas en los proyectos Noctámbul@s y Malva de la Fundación Salud y Comunidad, dinamizando y redactando protocolos de actuación de las violencias sexuales en los espacios festivos de ocio; y trabajando para la incorporación y desarrollo de la perspectiva de género en el ámbito de las drogas y adicciones.
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