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SEGURIDAD Tutores de azul para prevenir el acoso, la violencia de género y las drogas en los colegios de Córdoba

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El agente tutor de la Policía Local de Córdoba Jesús Macías da una charla en una clase. / RAFA ALCAIDE / EFE

NOTICIAS: 12.06.2021

l trabajo del agente tutor de la Policía Local se dirige especialmente a familias cuyos hijos tienen problemas de absentismo o comportamiento

 

ÁLVARO VEGA 

Andalucía. El agente tutor de la Policía Local de Córdoba tiene una misión esencialmente preventiva, la de colaborar con la comunidad educativa para proteger al alumnado del acoso escolar, el ciberacoso, el consumo de alcohol y otras drogas y la violencia de género.

Quien vea a Jesús Macías en un centro educativo cuando acude a hablar sobre consumo de alcohol, botellón y otras drogas pensaría que va a practicar una diligencia de policía científica. Lo último que supondría es que en el maletín de aluminio con pegatinas policiales lleva la requisa a un grupo de seis personas que hacían botellón hace unos años.

La intervención, que muestra al alumnado de tercero de ESO al que se dirige ese día, consistió en varias botellas de bebidas alcohólicas, que saca en modo contrario a su graduación para explicar cómo el botellón es un proceso “en el que nos venimos arriba” y en el que se crea un sentimiento grupal de seguimiento, en el que se “mezclan distintos tipos de bebidas, de distinta graduación, en muy poco tiempo y en el que no se suele comprar comida, lo que nos puede llevar a un coma etílico“.

El agente, con 24 años de experiencia, es muy didáctico y cuenta experiencias vividas, los últimos cinco compartidas en las unidades de seguridad ciudadana y policía de barrio con la de agente tutor. Nunca identifica ni personas ni centros educativos, pese a la curiosidad en este sentido.

Lili López es educadora social del instituto donde Macías ha comenzado la mañana. Es uno de los puntos en la unidad policial apoya su labor, junto a los departamentos de orientación, y considera que juega “un papel fundamental” en la actuación preventiva contra el absentismo. Según declara, “se les ofrece ese recurso a los padres con nenes que están empezando a faltar, porque muchas veces no pueden hacer que vengan en estas edades de Secundaria”.

Para Elena Polo, del Equipo de Tratamiento Familiar del Ayuntamiento de Córdoba, el agente tutor es “un recurso muy bueno” con el que trabajan en familias con problemas de asistencia a clase o de comportamiento de los hijos o hijas para afrontarlos “de forma conjunta” y en el que la información que facilitan los policías sobre la realidad es muy valorada.

Este trabajo de campo del agente tutor también es reconocido desde los Equipos de Tratamiento de Absentismo Escolar que coordina la Junta de Andalucía. Una de sus responsables, Rocío Arellano, destaca su capacidad para conocer “el contexto de vulnerabilidad del alumnado”, porque detecta “la gravedad o peligrosidad” que puede existir en cada caso y que acometen con “una intervención de recorrido”.

En otro distrito de Córdoba, dos agentes de la policía barrio montan un control para que alumnado de un centro de educación especial explique a los conductores normas básicas de seguridad vial. Es otra de las funciones de la unidad de agente tutor, que más tarde, con la complicidad de sus compañeros, desarrolla un pequeño concurso con los alumnos con la seguridad vial como protagonista.

El agente hace un aparte del control para llamar por teléfono. Quiere verificar con un instituto si un alumno ha acudido al centro. Es un absentista y estuvo con él hace cuatro días. En este caso hace agua, no ha aparecido y ahora le toca acudir al domicilio para levantarle un acta, lo que, a la altura del curso que estamos, sabe que servirá de poco.

Es la parte no dulce del trabajo esencialmente vocacional que desarrolla y que surgió cuando, tras su ingreso en la Policía Local, compartió patrulla con otro agente que era maestro. Hizo el acceso a la universidad para mayores de 25 años y se graduó en Magisterio con mención en Educación Especial.

De allí tiene una hora para ir a visitar a una madre y a su hijo, con comportamiento disruptivo, a petición de ella, en una intervención siempre consensuada entre las partes, y cerrar la jornada en otro instituto, al que llega increíblemente puntual después de concretar un proceso de seguimiento con la familia, que espera que acabe en éxito.

Ese es el caso de la niña de 11 años que requirió una noche la presencia policial en su domicilio porque le estaban pegando y resultó ser que los padres le habían retirado el móvil por su adicción a las redes sociales. “Ahora no quiere ni cogerlo”, dice, con la tranquilidad que explica, ahora a alumnado de segundo de ESO, que “cuando hablamos de acoso escolar, lo hacemos de sufrimiento, de dolor”.

Macías provoca un silencio sepulcral cuando proyecta el vídeo de Diego, un niño de 11 años que se suicidó acosado en Leganés (Madrid) y llama a la conciencia porque “nadie me puede decir que no lo sabéis””.

Hasta la pandemia, otros policías también han sido protagonistas: Juan Jesús Alcántara, Javier Medel, Francisco Marcelo, Antonio Cantador y José Jurado. Hoy Jesús Macías es el único agente tutor, aunque en septiembre la unidad recobrará su dotación habitual.

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