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Adolescentes y móvil: la bomba familiar del verano tiene solución

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Foto: Unsplash/Creative Christians.

NOTICIAS: 11.07.2021

Alimente y Salud habla con tres expertos que dan recomendaciones para evitar que las vacaciones se conviertan en una batalla constante sobre el uso excesivo de las pantallas

 

Mar Cabra

Han empezado las vacaciones escolares y, para muchos padres, los saltos mortales para mantener a los niños entretenidos mientras hay que trabajar. Piscina, amigos, campamento… y teléfono.

Las pantallas se han convertido en un acompañante más del verano. Su uso incrementa con el aumento de horas libres de los chicos y también las peleas sobre el uso excesivo de móvil o videojuegos. Las batallas son especialmente duras con los adolescentes, ya que gran parte de sus conexiones sociales ocurren a través de las redes.

Alimente y Salud habla con tres expertos que aconsejan buenas prácticas para evitar que el verano se convierta en una batalla constante sobre el manejo de la tecnología.

El disparador

Lo que sabemos, y lo que hemos tenido que descubrir tras el confinamiento y la pandemia, es que un riesgo potencial como del que hablamos se ha elevado exponencialmente. Veamos los datos. El último estudio realizado por el Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones ‘OEDA-COVID 2020’, reconoce que la pandemia ha provocado una reducción en el consumo de alcohol (del 59,9% al 45,1% entre 15 y 19 años), tabaco (del 35,5 al 32,2%), cannabis (del 20,5 al 16,4%) y juego presencial (del 14,8% al 5,6% entre los 15 y los 24 años), pero ha aumentado el consumo de hipnosedantes sin receta (del 2 al 3%) y, sobre todo, del uso de internet.

Casi el 100% de los jóvenes hasta 24 años se conectan a internet por diversión, y hay un aumento significativo del número de horas dedicado a esta actividad: 2,5 horas antes de la pandemia y 3,5 horas actualmente. Más de la mitad de los estudiantes (62,7%) reconocen haber aumentado su tiempo frente a la pantalla en esta crisis. También el juego online ha ganado adeptos en esta crisis. Si antes había un 7,4% de jóvenes hasta 24 años que los probaba, ese porcentaje ha crecido ahora hasta el 7,9%.

Conviértete en investigador

El psicólogo Mateo Pérez Wiesner lleva desde 2013 analizando cómo se comportan los adolescentes en las redes. En las investigaciones que realiza con las universidades Camilo José Cela y Complutense han entrevistado a más de 20.000 jóvenes.

“Somos seres sociables, necesitamos comunicarnos y los adolescentes son los primeros que necesitan esto”, explica. “Están en una etapa evolutiva que es una plena expansión de su red social”.

Pérez Wiesner recomienda comprender bien ese contexto y sus porqués de cara a tener una comunicación efectiva con tu hijo/a. Una de las estrategias es convirtiéndote primero en un investigador, recabando hechos “desde el terreno”. Por ejemplo, jugando a los juegos que él/ella juega o haciéndote un perfil en su red social preferida para observar cómo se comporta allí.

“Y a partir de ahí, empezar a hablar con nuestro hijo, sin que la conversación sea tan intrusiva, sino que ocurra desde el mismo plano”, recomienda. “Puedes empezar a hacer preguntas abiertas como ‘¿es divertido?’. No le estás preguntando ‘¿por qué haces esto?’ o ‘¿por qué dejas de hacer esto?’, que lo convierte más en un interrogatorio”.

Foto: Unsplash/@pskslayer.
Foto: Unsplash/@pskslayer.

Pon límites y ofrece alternativas

Desde ese entendimiento, es mucho más fácil dar el siguiente paso: establecer normas de uso de la tecnología en la casa. Así será más sencillo aceptar que no se puede utilizar de manera ilimitada. Eso sí, es clave no hacer esto de manera aislada, sino como parte de un esfuerzo de concienciación más amplio.

“Es extremadamente importante que padres y madres eduquen en un uso saludable de las tecnologías de forma muy temprana, haciendo ver ventajas y posibles riesgos, estableciendo límites y normas de uso”, recomienda la doctora en psicología Clara Marco Puche, especialista en adicciones y en psicología clínica.

La tecnología misma puede ser una buena aliada para poner esos límites, ya que la mayoría de aplicaciones y móviles de hoy en día permiten marcar tiempos máximos de uso. En todo caso, cualquier limitación se queda coja si no se les ayuda a sobrellevar el vacío que pueden sentir y se les ofrecen actividades alternativas para hacer.

Poner límites al móvil puede generar un vacío que hay que enseñar a llevar

La doctora Marco Puche recomienda “actividades al aire libre (salidas al monte, playa, visitas culturales…), alguna escuela de verano o actividad educativa, ejercicio físico, encuentro cara a cara con amigos/compañeros, etc”, y proponer ocupaciones que sean incompatibles con el uso del móvil o de internet.

Modelar, no mandar

En la iniciativa estadounidense Lookup.Live prefieren crear soluciones de abajo hacia arriba, es decir, escuchando a los adolescentes y empoderándoles para que ellos mismos encuentren qué hacer. Una de las demandas que hacen de manera repetida es que sus padres tienen que ejercer con el ejemplo también. Por ejemplo, si los móviles están prohibidos en la habitación para ellos, es una regla que debería valer para todos en la casa.

“Nos dicen que tener conversaciones sobre el uso digital es mejor que recibir órdenes”, explica Susan Reynolds, una de sus fundadoras. “Modelar, no mandar”.

Reynolds es tajante: “Monitorizar tu propio uso y hábitos digitales es tan importante como monitorizar a tus hijos”. Y recomienda que los padres se hagan las siguientes preguntas: “¿Estás siempre trabajando? ¿Siempre respondiendo al correo electrónico y haciendo tareas relacionadas con el trabajo?”.

Observa las señales de adicción

Fijarse solo en el número de horas de uso de móvil o videojuegos y pensar que tu hijo/a es adicto es un error. Los expertos apuntan a otras señales que son más importantes. “Si consideramos las adicciones tecnológicas como cualquier otra adicción, el problema aparece cuando la persona experimenta una pérdida de control y existe una interferencia significativa con una o varias áreas de la vida”, aclara la doctora Marco Puche.

Así, hay que tener el radar puesto ante problemas de rendimiento académico, familiares o cuando el adolescente deja de cumplir con otras obligaciones y actividades, por ejemplo, viendo poco a sus amigos cara a cara.

La clave para saber si hay un problema es si el móvil interfiere con el día a día

Aunque aún no hay consenso científico sobre si es correcto llamarlo adicción o no, lo cierto es que hay bastante evidencia que apunta a que los comportamientos problemáticos por el uso de internet y redes despliegan características similares a los trastornos relacionados con sustancias. Por ello, es fundamental entender que usar excesivamente el móvil puede ser la manera de compensar otras cuestiones relacionadas con la salud mental, como depresión.

“Muchos de los adolescentes que se enganchan a redes sociales es porque hay una patología o un problema psicológico subyacente que lo compensan con el uso de las tecnologías”, señala Pérez Wiesner.

En cualquier caso, estos casos son minoritarios. En España, tan solo entre el 0,6 y el 8% de los adolescentes tienen un uso problemático de la tecnología, según diferentes estudios. Así que la clave de la cuestión pasa por hacer los deberes entendiendo a los hijos y su manera de acercarse a la realidad, aplicándose las mismas normas que se les exigen y enseñándoles de manera activa a lidiar con un mundo físico en donde el estímulo y la recompensa no son tan constantes como en el digital.

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