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Asfedro pide relevo a la Xunta para seguir con unos programas que atienden a 1.200 adictos

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Sari Alabau y Gerardo Sabio, presidenta y director de Asfedro JOSE PARDO

NOTICIAS: 25.04.2021

El retraso en la ayuda del Sergas les ha obligado a pedir créditos para no detener una labor que tiene lista de espera en el área

 

BEA ABELAIRA/ LA VOZ

Ferrol – Hace solo unos días que Asfedro firmó el segundo convenio más alto de Galicia con el Sergas, de casi un millón de euros. Una cantidad importante cuyas partidas ya están asignadas, porque desde el pasado mes de noviembre la entidad vive de créditos y mirando sus cuentas: «El dinero de la Xunta llega con mucho retraso y hemos tenido que pedir financiación a los bancos para poder seguir con los programas y pagar los sueldos de los empleados», cuenta Sari Alabau, la presidenta, sobre un préstamo que rondó los 300.000 euros y sobre el que tendrán que abonar los costes y los intereses. No les quedaba otro remedio que recurrir a esta vía para mantener una estructura de programas, consultas y asistencias que atienden a 1.200 adictos del área y en la que trabajan 30 personas.

«Nuestros trabajadores cobran lo mismo que hace años cuando aceptaron bajarse el sueldo y tenemos en nómina a una psiquiatra y psicólogos, por eso necesitamos que se cree un plan de atención a la drogodependencia en el que Asfedro pase a integrarse dentro de los servicios del Sergas», precisa la presidenta, mientras uno de sus colaboradores recuerda que son «los subcontratados de la Consellería de Sanidade» para prestar un servicio muy necesario. De hecho, dependen de la unidad de salud mental del CHUF y mantienen una estrecha relación, porque gran parte de los adictos desarrollan problemas mentales.

Cada año una treintena de personas del área sanitaria se planta ante sus adicciones y se acerca a su médico o a la entidad para empezar una terapia. «Cuando los tratamientos ambulatorios no funcionan se opta por un ingreso hospitalario o la entrada en el centro comunitario de Confurco, donde el proceso supone seis meses de estancia, que en la pandemia se han reducido a cuatro», explican los terapeutas de una entidad, donde también ven como muchas personas se rinden y vuelven a caer en la dictadura de sus impulsos. «Necesitamos a dos psiquiatras para el trabajo que desarrollamos, pero solo tenemos a una por lo precario que es el puesto que ofrecemos», resume el director de la entidad.

Enganchados a los fármacos y afectados de problemas mentales por el cannabis, los nuevos usuarios

En los años 80 la mayoría de las personas que pedían ayuda tenían problemas con la heroína: diez años más tarde era la cocaína la que causaba más estragos. Sin embargo, en la actualidad no hay una sustancia que predomine sobre las demás. «Siguen llegando personas con problemas con la heroína o la cocaína, pero, además, se han sumado profesionales con un perfil que no tiene relación con la marginalidad, pero que tienen serios problemas con los fármacos, que comenzaron a tomar por una dolencia», cuenta Gerardo Sabio, el director y psicólogo de una entidad que está bajo la supervisión del área de salud mental del Complejo Hospitalario Universitario de Ferrol (CHUF). Otro nuevo perfil de usuarios que ven que se está incrementado es del de consumidores de cannabis, buena parte de ellos aquejados de problemas mentales. Sabio reconoce que esta es una droga con una tolerancia social que a veces tapa las consecuencias que puede desencadenar, en especial, en personas jóvenes.

«Tanto el alcohol, como el cannabis son peligrosos para los jóvenes por los cambios que pueden operar en su cerebro en una etapa en la que su desarrollo puede quedar marcado de por vida y, sin embargo, son las drogas que tienen más alcance», alerta el responsable de Asfedro.

 La enfermera Sabela Míguez y la educadora Rebeca Graña, en el centro de Confurco de Asfedro
La enfermera Sabela Míguez y la educadora Rebeca Graña, en el centro de Confurco de Asfedro    JOSE PARDO

 

Un juego para concienciar. Salúdicos Infodrogas es un juego virtual creado en la plataforma Kahoot por la comunidad terapéutica de Asfedro bajo la supervisión de Sabela Míguez y Rebeca Graña, enfermera y educadora del centro de O Confurco (en la imagen). La idea es difundir los peligros de algunas conductas en entornos donde el mensaje es clave, como escuelas o la universidad.

Fuente: La Voz de Galicia

 

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