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Enganche a las pantallas en pandemia

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NOTICIAS: 01-05-2021

Expertos coruñeses alertan de que los adictos a internet y videojuegos empeoraron durante el confinamiento y prevén un repunte de nuevos casos en los próximos meses

A Coruña – Galicia. Jorge es un joven coruñés al que el confinamiento le pilló lejos de la familia por cuestiones laborales. Recurrió a los videojuegos para desconectar y paliar la soledad, pero al final le dedicaba tantas horas que descuidó el aseo personal, la alimentación y cuando se acabó el encierro obligatorio por la pandemia ya no quería salir de casa para seguir jugando. El viernes pidió ayuda en la Unidad de Tratamiento de Alcohol y Conductas Adictivas de A Coruña (Utaca), entidad integrada en el Sergas y que aborda diferentes adicciones, entre las que se encuentran las vinculadas a las nuevas tecnologías. Este joven, de nombre ficticio para no desvelar su identidad, es solo un ejemplo de personas que durante la pandemia han desarrollado una adicción a internet o a los videojuegos. “Lo que se observó tras el confinamiento es que en pacientes que ya tratábamos porque tenían un consumo problemático, éste se agudizó”, explica uno de los psicólogos de esta entidad Niceto González, quien reconoce que esperan “un repunte” de nuevos casos por el abuso de pantallas realizado durante la pandemia aunque cree que se irá viendo en los próximos meses. “Ya tenemos algún caso pero el aumento se verá con el tiempo porque la gente tarda meses o más de un año en pedir ayuda”, sostiene.

Utaca ofrece apoyo sociosanitario a quienes sufren algún tipo de las llamadas adicciones legales, es decir, a sustancias o conductas que no están penalizadas (alcohol, compras,juego, redes sociales, etc…). En el caso de las vinculadas con la tecnología, González reconoce que, como cualquier otra adicción, tienen una serie de características que atrapan a ciertas personas. “Nadie se vuelve adicto a meter los dedos en el enchufe sino a cosas que generan algo positivo, que dan una satisfacción”, indica este psicólogo, que añade: “En el caso de internet o los videojuegos hay varios factores que influyen: es algo de fácil acceso, en el que hay cierto anonimato para realizar actividades y donde el usuario se puede crear un perfil diferente de persona al que realmente es y cree que puede compensar ciertos comportamientos o déficits que tienen en su vida ordinaria”. “Por ejemplo, alguien que no tenga mucho éxito con las chicas, pero que logra miles de seguidores en redes. Además permite socializar sin riesgo, parece más seguro porque estás protegido ya que no es presencial y puede dar la falsa sensación de que al jugar con otros o hablar en redes sociales estás muy conectado, pero en realidad estás más aislado”, resalta este especialista.

Estos factores —unido a la extensión del uso de móviles, tablets u ordenadores desde edades muy tempranas— han hecho que en los últimos años aumente el consumo problemático de estos dispositivos, pero además la pandemia ha agravado más la situación. “Hubo adicciones en las que el confinamiento fue positivo. Quien jugaba en salas presenciales no pudo porque estaban cerradas o quien bebía en pandilla, tampoco, pero en este caso, no”, indica González, quien reconoce que el confinamiento y las posteriores restricciones de ocio han provocado un aumento del consumo de pantallas y a esto se une “toda la incertidumbre por la situación laboral, gente que no cobra los ERTE, que no tiene trabajo, con más problemas y busca un refugio, una salida”. “Unos lo hicieron en el alcohol y otros en las redes sociales o los videojuegos. Buscan desconectar, no pensar durante este rato, una válvula de escape y al final puede derivar en un consumo problemático”, sostiene González, quien reconoce que, pese a estar abiertos durante toda la pandemia, fue tras el confinamiento cuando notaron un empeoramiento de los pacientes. “Empeoró mucho sobre todo la gente que además de la adicción tenía algún otro problema como ansiedad o depresión y además hubo quienes se dieron cuenta al finalizar el confinamiento de los malos hábitos adquiridos, que no podían volver a la normalidad”.

Más allá de que la adicción comenzase antes o en plena pandemia, el perfil de quienes recurren a Utaca para intentar atajarla no varía. “Son en su mayoría hombres y jóvenes, milennials”, indica González, quien reconoce que reciben a padres de niños con 12 o 13 años que ya presentan un consumo problemático aunque “muchas veces no entran en terapia sino que les damos una serie de pautas para cambiar la conducta”. Eso sí, los psicólogos aseguran que sí hay ciertos rasgos que pueden hacer que una persona sea más proclive a convertir se en adicto —sea de lo que sea— como “ser una persona muy impulsiva, que no tengo una gran capacidad para regular mis emociones, no saber resolver problemas, todo esto ayuda”.

Desde Utaca lamentan la gran “brecha digital” que hay hoy en día entre padres y profesores y los jóvenes, lo que muchas veces dificulta el darse cuenta del problema. “Suelen llegar cuando llega alguna factura porque han usado la tarjeta de los padres para jugar en internet, cuando llegan las malas notas o se enteran de que falta a clase y muchos dicen lo mismo ‘yo veía que le gustaba mucho’ el ordenador… pero no eran conscientes del problema”, explica este psicólogo.

¿Y cómo desengancharse de algo que muchas veces hay que usar para estudiar y trabajar o al que podemos acceder simplemente con nuestro teléfono móvil? “No hay una única receta. Si alguien solo usa el ordenador para compras, se le puede prohibir su uso pero si trabaja con él, no. Ahí se recurre a que una tercera persona le limite el acceso con claves a aquellas webs o aplicaciones en donde se generó la adicción, pero eso no quiere decir que no pueda ir a otro sitio y conectarse, depende de su voluntad”, indica Niceto González, quien señala que la terapia —individual y grupal— tiene que arrancar con el reconocimiento del adicto de que tiene un problema. “Si no ve esto como una medicina para solucionar su problema sino como un castigo, no vamos a ninguna parte”, indica este psicólogo, quien explica que el papel de la familias y el entorno es clave para lograr la recuperación y deja claro que las partes del cerebro que se activan cuando se abusa de internet “son las mismos que cuando se es adicto a una sustancia como la cocaína”. “La dependencia es la misma, solo cambia cómo se manifiesta y la intervención tiene que ser parecida”, señala. Por ello, de media dan las altas a los 18 meses. “Hay que ver si los cambios de conducta se consolidan y eso no puede ser en seis meses. Además, después hacemos revisiones cada semestre o cada año”, sostiene.

Niceto González.

Niceto González. CARLOS PARDELLAS

Niceto González, psicólogo: “Preocupa con quién sale un hijo, pero no a lo que puede acceder con el móvil”

La prevención es clave para evitar que cualquier adolescente pase de jugar o chatear un rato con amigos a tener un problema de adicción. Por eso, el psicólogo Niceto González deja claro que es clave “que los padres estén al tanto” de las novedades en redes sociales o aplicaciones, fijen “límites” y conozcan de primera mano qué webs, videos o apps que visita sus hijos. “Los propios adolescentes cuando hablas con ellos creen que la clave está en que sus padres les fijen límites”, explica este especialista que trabaja a diario con quienes sufren las llamadas adicciones legales, es decir, a sustancias o conductas que no infringen la ley pero que pueden llegar a ser problemáticas.

A los padres pide ante todo aplicar el sentido común. “En el caso de los videojuegos es importante controlar las horas, el tiempo que juegan pero no solo eso sino que tengan claro que no pueden dejar de hacer lo importante por jugar, es decir, nada de comer deprisa para irse a la habitación a jugar y también es clave que no consuma juegos que no son aptos para su edad aunque lo hagan los demás”, explica González, quien pone un ejemplo claro para ver la importancia que tiene controlar el contenido de los videojuegos. “Nadie la daría una pistola a su hijo pero se le deja jugar con videojuegos donde se viola o se mata a gente. Hay que controlar la temática aunque sea un adolescente porque esto también es una forma de educarles”, sostiene.

Y lo mismo ocurre con otro error frecuente, resalta, el dejar que los niños tengan teléfono móvil desde muy temprano. “Todos los padres se plantean con quién sale su hijo, a dónde va, pero sin embargo se les da una herramienta como un móvil con acceso libremente a cualquier contenido o peligro con solo 11 años y nadie se preocupa”, sostiene este psicólogo de Utaca, quien pone otro ejemplo drástico para que la gente sea consciente de a qué peligros se enfrentan los pequeños. “A nadie se le ocurriría dejar solo a su hijo de 11 años en Madrid, pero se le permite acceder a cualquier contenido a través del móvil”, indica.

Y además González asegura que mientras que los niños son menores —o incluso si ya tienen 18 años pero el móvil lo pagan ellos— es preciso hacer un control de en qué webs o aplicaciones navegan para evitar que puedan acceder a contenidos contraproducentes, apuesten online o gasten el dinero en videojuegos.

Fuente: La Opinión de A Coruña

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