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Karla, una historia para amar la vida

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NOTICIAS: 01.08.2021

Nuestra entrevistada vivió la tortura de la anorexia y la bulimia, la falta de amor propio y el ajeno; incluso la pérdida de un bebé, y aún así, hoy ayuda a otros a seguir

Lorena Vázquez

MEXICO.  Vida Excepcional, recordándote que esta sección busca revelar y exaltar historias de personas que deben ser contadas; por su esperanza, fortaleza y lucha que aún los mantiene vivos. Comparte y, ya sabes, déjate llevar por la lectura y sí, inspírate para continuar…

Alguna vez has sentido que, ¿ni para morir eres bueno?, es una pregunta fuerte, triste y horrorizante. Sin embargo, eso es parte de la historia de Karla Avilés Gutiérrez.

Ella nos cuenta que a la edad de 16 años, en preparatoria, empezó a tener problemas alimenticios; sentía que estaba subida de peso, y su remedio inmediato fue empezar a dejar de comer por completo.

Expresa que no sabía en realidad qué le estaba pasando, sentía miedo, tristeza, confusión, pero no podía darle un nombre como depresión, menos anorexia porque la desconocía.

La anorexia es una enfermedad en donde el paciente deja de consumir alimentos, hasta bajar de peso hasta una manera en que compromete su estado de salud.

  • Porque aunque esté extremadamente delgado, éste se sigue viendo con sobrepeso.

Aunque parezca increíble Karla comparte que nadie en su casa sabía que estaba enferma.

“Todos en mi casa; mi mamá, papá y hermanas estaban en sus propios asuntos”

Afirma que incluso cuando ella padecía su problema de anorexia, su madre también presentaba un cuadro depresivo, pero por tal ella no externó su situación. Pero esta silenciosa y dolorosa situación escalaría niveles inimaginables.

Una desatención que llevó al abismo

Karla vivió en una severa depresión y con el desorden de la anorexia aún sin un diagnóstico hasta los 18 años, cuando también cayó en la bulimia; es decir, la ingesta de comida en grandes cantidades y posteriormente vomitarlo.

Dice que ella asistió a un médico porque empezó a presentar más complicaciones en su salud que eran de espantarse, porque debido a que no comía, y a la vez devolvía lo poco que ingería, su estómago ya estaba muy deteriorado.

Llegó a perder uno de sus ovarios y parte del estómago por las mismas acciones obsesivas que realizaba una y otra vez en su afán de ser esbelta.

Karla platica que ya su vida era un desastre, porque todas sus emociones estaban fuera de sí, sólo pensaba en morir porque además su salud empeoraba y en esta situación estaba sola. No quería decirle nada a nadie. Su situación parecía que sólo tenía una salida. La muerte.

La muerte dice «NO»

Así fue que a los 17 años decidió suicidarse, atando un cinturón de cuero al cancel del baño en casa de sus padres, y dejó caer su cuerpo.

Aunque, no lo logró; ella despertó después de desmayarse tras un fuerte golpe en la cabeza, y su primer sentir fue de coraje, de molestia, de mucho enojo y lo primero que se le vino a la mente, como en conjunto de tosas estas emociones fue:

“No puede ser que ni para esto sirvo, ni para morir soy buena”

Una decisión, para empezar…

Así, con el alma revuelta, sin rumbo, sin más porque hasta la muerte “le dio la espalda”, señala que durante una fiesta con unos amigos decidió que ya no podía más. Se salió de ahí, caminó dos cuadras y entró a un consultorio de una psicóloga para pedirle ayuda. Ella recuerda que le dijo:

“Necesito ayuda, pero sólo traigo 200 pesos, puedes ayudarme”

A esta acción, la psicóloga le dijo pasa, y así comenzó una nueva historia para ella. Pero la depresión la acompañó de manera muy intensa hasta la universidad.

Nuestra entrevistada destaca que por 12 años asistió con su psicoterapeuta familiar, que se volvería su fuente de inspiración para estudiar precisamente las relaciones de pareja para poder ayudar a otros a partir de su proceso, porque lo peor estaba por venir.

Un amor que sólo desgarró heridas

A los 33 años ella empieza a tener una relación con un chico, con el cual cimienta sueños, anhelos; se van a vivir juntos, y por un tiempo buscan activamente tener un bebé. Y al final lo logran.

Pero cuando ella le informa a su pareja que están embarazados, él «descubre» que no está listo para dar el paso, y sin más la abandona.

Tal situación empeoró de manera crítica lo que Karla había logrado a nivel emocional.

“Fue tanta mi depresión que perdí al bebé

«Amar para sanar»

Una vez más, piensa que ya morir no era la solución, la vida la había dejado aquí, con experiencias tan fuertes por algo, así que estuvo asistiendo a terapia de grupo para contar su historia, poco a poco empezó a sanar con el apoyo de su psicoterapeuta familiar y algo nació especial para ella.

A sus 33 años comienza a escribir y hablar más formalmente, ya sin romper en llanto. Con una cruel historia superada, y así nace su proyecto “Amar para sanar”.

Poco a poco muchas personas empezaron a sentir el amor, ayuda y auxilio que ella, a través de sus vivencias les daba. Y su concepto creció como la espuma.

Actualmente “Amar para Sanar” tiene a más de 33 mil personas inscritas en su canal de YouTube, en Facebook a más de 4 mil personas, y en las demás redes de dominio público sigue avanzando.

Ella ahora en su canal, realiza entrevistas con personas de diferentes partes del mundo sobre temas de relaciones de pareja; su persona ya es reconocida como una excelente psicoterapeuta, no sólo de palabra, sino con documentos oficiales.

Tiene en venta libros, prendas de vestir, productos digitales, y todo es movido por un equipo de cuatro personas, incluyéndola a ella. Lo que llama:

“Un proyecto 100 por ciento orgánico”

Finalmente ella exhorta a todas y todos aquellos que sientan que están en un problema similar, a que busquen ayuda de manera inmediata.

“Ayuda de profesionales, de un psicoterapeuta, pero reconocido. Porque también hay muchos charlatanes que sólo buscan sacar dinero”

“Éxito no es tener dinero; es tener paz. Hay que invertir en la salud mental”

Justo ahora es una mujer realizada, con un amor propio que trasciende su sonrisa. Ella nos enseña a no morir, porque no es la solución a nada. Porque nuestra misión de nuestra vida es vivirla para aprender, salir, seguir y enseñar a otros a no morir. Por cierto, Karla le comentó a su familia lo que había vivido por todos esos años, hasta que lo superó.

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