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Un problema más serio de lo que parece: tecnoadicciones

NOTICIAS: 15.01.2023

La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce la existencia de las tecnoadicciones, que incluyen todos los problemas de abuso de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (NTICs)

 

Carmen Fernández – Psiquiatría

MADRID. Entre los que destacan la adicción a internet, la nomofobia (al teléfono móvil), el síndrome FOMO (redes sociales) y los videojuegos. La conducta abusiva de estos últimos está además, desde 2018, incluida en la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11). Y los estudios que corroboran lo que ya es un problema emergente de salud individual y pública van en aumento.

A pesar de ello, en la comunidad médica y en el sistema sanitario no parece que haya calado aún de todo la trascendencia de este problema. Una excepción a la regla es el Hospital del Bellvitge, en Hospitalet de Llobregat, Barcelona, que ha informado esta semana de que en 2022 cuadruplicó los pacientes atendidos por adicción a videojuegos en su Unidad de Juego Patológico y Adicciones Comportamentales, un fenómeno que relaciona con el confinamiento por la pandemia de Covid-19.

Lo que lleva a esos chicos (hay mujeres pero son muchas menos) a una consulta especializada es la relevancia adquirida por el videojuego en sus vidas; la pérdida del autocontrol sobre esta actividad; un tiempo excesivo dedicado diariamente (por ejemplo, 4-5 horas); un aumento de la irritabilidad, ansiedad y tristeza al dejar de jugar; el abandono de otras actividades sociales, escolares/laborales y lúdicas, y consecuencias negativas en otros aspectos vitales.

El Instituto de Salud Global Barcelona (ISGlobal) informa en un blog publicado en su web de que el exceso de tiempo frente a las pantallas está asociado a efectos sobre la salud física: sueño deficiente, deterioro de la visión, menor densidad ósea y sedentarismo y dietas poco saludables (riesgo de enfermedades crónicas). También está vinculado a efectos psicológicos: hiperactividad y déficit de atención, síntomas depresivos y tendencia al suicidio y riesgo de comportamiento antisocial. Y a consecuencias neuropsicológicas: ansiedad parecida a la que existe en otros casos de dependencia, cambios estructurales del cebero relacionados con el control cognitivo (atención, toma de decisiones) y con la regulación emocional.

Es decir, que las cuatro horas al día que se calcula que los adolescentes, cuyo sistema nervioso aún se está desarrollando, dedican al móvil suponen un riesgo para su salud. Personalmente, me impresiona mucho ver cómo se les da móviles a niños muy pequeños para que estén tranquilos y quietos.

La sanidad tiene muchísimos frentes, la mayoría mucho más graves que este, no les digo que no, pero hay muchos jóvenes y no tan jóvenes y familias lidiando como pueden con una conducta adictiva que, posiblemente, esté emparentada con las causas que conducen a trastornos de la alimentación, autolesiones e ideación de suicidio, que también han aumentado exponencialmente durante la pandemia.

En estos momentos de convulsión por lo que parece un retroceso en los recursos y la calidad de la asistencia sanitaria pública (más evidente en unas comunidades autónomas que en otras) resulta casi un dislate defender un abordaje específico para este problema de salud emergente, pero, ¿es que hemos renunciado a un modelo holístico en salud –o biopsicosocial– en el que se atienden de forma integral los aspectos físicos, mentales, emocionales y sociales de la persona?

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