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Chats del cole: ese campo donde anidan las confrontaciones

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NOTICIAS: 02.05.2021

De ser un espacio organizativo y hasta contenedor, hoy se volvió un lugar de peleas en el que padres y madres dirimen sus ideas políticas

 

Laura Reina

Argentina. Cuando un chico se escolariza hay que lidiar con varias cuestiones: la adaptación al colegio, a los horarios, a las tareas y al chat de “mamis y papis”. Necesario para sobrevivir durante la vida escolar del hijo o la hija, el chat nació originalmente como un espacio virtual que ordena el día a día real. Allí se comparte información, se despejan dudas y también se hace catarsis, porque no son pocos los que el año pasado encontraron en esa conexión virtual tierra fértil para expresar sus sentimientos y sensaciones durante la extensa cuarentena.

Pero hoy, además, los chats del colegio se volvieron un feroz campo de batalla: fue allí donde se gestaron los movimientos y acciones para defender la presencialidad en la aulas pero también en muchos de estos chats se desataron peleas entre padres con diversas orientaciones políticas o posturas frente a la realidad actual, lo que motivó a varios miembros a replantearse seriamente si valía la pena seguir formando parte de ese colectivo. “Es tan alto el nivel de agresión que hay en el grado de Juan que decidí salir”, dice Ana Torrada, mamá de dos hijos, de 5 y 8 años. “Un padre llegó a decir que ojalá se hiciera el abrazo al colegio para pedir por la presencialidad para poner una bomba. La verdad hay cosas que leés y te dan miedo, me da cosa que mi hijo comparta clase con el suyo”, plantea Ana, preocupada.

Lo que hoy sucede en los chats, con un nivel de violencia en aumento, no es otra cosa que un fiel reflejo de lo que está pasando a nivel social. “El estado de irritabilidad aumentó mucho, es cierto. Todos estamos muy sensibles y esto hace que se reaccione impulsivamente. Pero también es verdad que siempre lo virtual habilitó para poder decir cosas que cara a cara, en general, la gente no se atreve a decir. Muchos escriben sin filtro, no se reprimen como cuando están cara a cara y pueden ver la reacción del otro”, sostiene la psicóloga Laura Jurkowski, directora de reconectarse, centro de adicciones a internet, videojuegos y el uso de la tecnología.

Por su parte, la psicoanalista Beatriz Goldberg, especialista en crisis personales, de pareja y familia, analiza que la situación actual arrasó con ese lugar que al principio de la cuarentena era contenedor. “Muy al comienzo fue un espacio catártico, de contención, en el que la gente se daba ánimo y se acompañaba. Pero después se transformó al igual que pasó con todo: en marzo del 2020 había una unidad, un pensamiento de que esto se salía todos juntos -recuerda-. El enemigo común era el coronavirus, todos estaban pasando por lo mismo al mismo tiempo, con lo cual los sentimientos eran mas uniformes. Encerrados en las casas, con sus hijos, ninguno tenía colegio y todos querían volver; pero con el tiempo esa uniformidad cambió y empezó a aflorar otra vez la grieta. Los temas políticos, que antes no estaban presentes, empezaron a aparecer en los chats del colegio. Ya no son padres que están pasando por lo mismo, sino ciudadanos que opinan y muchas veces sin filtro, sin intención de debatir una idea sino de defender una posición.

Los chicos ya no son el tema de unión, eso se perdió”.

Goldberg agrega que las redes y afinidades que se tejieron durante los meses de cuarentena, se rompieron en los últimas semanas: “De pronto la mamá que me parecía copada, que me ayudó un montón con alguna cosa, deja de serlo porque compartió algo o hizo determinado comentario que no me gustó. Se ha politizado todo, hasta las vacunas”, plantea la especialista.

Claro que lo que pasa en el chat, no queda en el chat. “Lo que sucede en el chat de padres trae consecuencias en el cara a cara -asegura Jurkcowski-. Uno va construyendo una identidad digital que no está escindida de la real. Tenés que saber que lo que ponés en el chat va a tener repercusiones. Y muchas veces un asunto entre dos personas se comparte con los demás y se hace participe a todo el grupo, que suele tomar partido por uno u otro cuando el problema es más puntual”.

¿Cuál debería ser la solución, entonces? Para Jurkowski, se trata de hacer un ejercicio sencillo: “Lo primero es preguntarse si lo que estoy poniendo sería capaz de decirlo cara a cara a esa persona. Pensar: ¿lo diría? ¿De qué manera? Siempre hay que ser respetuoso con el otro porque además, en este tipo de chats hay que tener en cuenta que se involucra a los chicos y cualquier cosa que se diga les puede hacer daño -advierte-. Si son cuestiones que no aportan, mejor no decirlas. En estos momentos limitar la cantidad de comentarios puede ser de mucha ayuda. Y si hay personas que se sienten saturadas y no quieren estar, no esté mal irse del chat. Es saludable poder correrse, pero siempre explicando el por qué y dar lugar a que los otros respondan, nunca irse de forma intempestiva”.

Después de semanas de elevada efervescencia, son muchos los padres y madres que añoran los tiempos en que alguien preguntaba si para mañana había que completar la página 43 del libro de matemática o si algún niño había llevado por error el buzo de José. Aquellos buenos y no tan lejanos tiempos en los que el chat del cole era apenas una trivialidad.

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